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Fallando en Conectar (Parte II)

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Traducido por A. Garrido

English original: here

Me gustaría llamar la atención sobre algunos de los que me parecen las más obvias y repetidas falencias de lo que vagamente puede ser descrito como “el Movimiento” o “La Causa”, es decir, aquellos que en principio adherirían a la trinidad de valores de supervivencia como establecí en mi primer ensayo.

Estas falencias son muchas, y la lista aquí desafortunadamente no es exhaustiva. Sin embargo, considerado razonablemente y sin prejuicios o emociones inspiradas por el impulso de apresurarse, creo que parece ya no sorprender a nadie que la Causa está estancada y que continuará así hasta que éstas y otras falencias sean abordadas.

1. La falta de fundamentos metapolíticos. 

La primera falencia, la más fundamental, de la que podría decirse que las otras derivan en última instancia, es una falta de entendimiento político de la trinidad individuo, raza y planeta – libertad, realismo biológico, balance ecológico, y la habilidad para distinguir entre estos tres intocables elementos fundamentales de la trinidad por una parte, y todas las manifestaciones de la vida política, social y cultural, por otra. La identidad racial no es un caso especial porque debiera  gozar de prioridad en esta trinidad, lo cual muchos en la Causa erróneamente afirman, sino porque solo ésta es ampliamente rechazada como principio. La libertad individual y la supervivencia del planeta son ampliamente aceptadas como buenas “para ser devotamente deseadas”, la supervivencia racial para la mayoría de la gente, ciertamente para la mayoría de los blancos, no lo es.

Una falta de base ideológica, la trinidad, abre camino a muchos de los defectos de la Causa. Los adherentes a la Causa una y otra vez fallan en distinguir entre el conocimiento primordial de lo inmutable y los muchos desafíos de política y creencias, los cuales pueden cambiar y están  constantemente abiertos a negociación y compromiso. En pocas palabras, hay un pequeño núcleo de creencias al cual debe adherirse y dicho pequeño núcleo se refiere a la supervivencia de la que hablé en la primera parte de este ensayo. El resto está en constante flujo.

2. Excéntricos versus Conformistas 

Muchos de los políticos de la Causa me parecen naufragar repetidamente en Escila y ser absorbidos por Caribdis[1]. Un movimiento siempre acusado de extremismo debería ser moderado en la resolución de muchos de sus dilemas.

Una de tales oposiciones es entre el excéntrico y el conformista. El excéntrico es el agujero del partido, la vergüenza. La Causa parece incapaz de silenciar al excéntrico – seguramente en cada reunión hay alguien obsesionado, cuya obsesión consterna a los curiosos, quien actúa como un espantapájaros para ahuyentar a nuevos miembros. Judíos, iluminatis, naves espaciales, el Frente Oriental de 1942 – sea cual fuere su obsesión (normalmente es un Él), insistirá en ello, volviendo a ello, convirtiendo en una caricatura a cada organización y persona con quien se asocia.

Su doble opuesto es el conformista, el que un día será absorbido en la vorágine de la vida cotidiana, preocupándose por nada por lo que tuviese que sacrificar algo, mucho menos una carrera. Cuando carrera o ventajas llamen, sus compromisos políticos se volverán nada más que un recuerdo de la pasada efusión juvenil, un tema de ligera diversión y desdén complaciente.

3. Pesimistas versus Optimistas 

El pesimista (quien muy a menudo también es un excéntrico) se deleita con historias melancólicas y fatalistas, historias para paralizar toda conversación sobre acción. El pesimista está lleno de melancolía mesiánica sobre el-fin-del-mundo. Él se deleita en el desastre e historias sobre desastre. Hubo una ya desaparecida publicación estadounidense que encarnaba al pesimista: a los lectores de sus páginas no se les ofreció esperanza ni el consuelo del sacrificio. Presentó una serie regular llamada “Mayoría renegada del año”. Cuando este escritor propuso una serie “Mayoría héroe del año” fue rechazado con la observación “No hay ninguno”. Cuando Robert Mathews murió, la revista, cuya política era al menos tan extrema como la del propio Mathews, condenó su violencia como “inútil” y “contraproducente”.

El optimista es más probable de ser encontrado a la cabeza de una organización política o activista. Él (otra vez usualmente un él) inspira a las tropas, y su lenguaje puede bien ser expresado en términos militares, con promesas de un gran avance que viene. Como el pesimista, él cree en explosiones, rupturas y catástrofes por venir. Pero él cree que estos anunciarán un “nuevo amanecer” para la causa. Sus predicciones sobre terremotos políticos y un pueblo levantándose en ira son absurdamente exagerados, así como el significado de su movimiento en su conjunto. El Establishment es usualmente descrito como “inquieto” y amenazado” por la más mínima iniciativa o acierto de su grupo.

El pesimista disuade seguidores avergonzándolos (“Yo no quiero estar asociado a eso”) y el optimista lo hace desgastando la paciencia y agotando las esperanzas y dinero de sus seguidores (“Hemos escuchado eso antes”).

Cualquier persona entusiasmada con los tres principios y permanentemente consciente de ellos tendrá un pequeño tiempo para optimismo o pesimismo. Lo que debe ser hecho, debe ser hecho, se gane o pierda. El optimista y el pesimista, enfrentados a un mundo que parece rechazarlos, se retiran a un refugio, una suerte de ghetto, como los miembros de aquella raza que aparentan despreciar y al igual que ellos se deleitan con su exclusividad, su iluminación, una separación del resto de la humanidad que les provee de una excusa para evadir la interacción o el compromiso político con el mundo exterior de aquellos no elegidos para ser iluminados.

Esta actitud conduce inevitablemente a despreciar a los de afuera, y el desprecio es un pobre reclutador y un pobre proselitista.

4. Resentimiento. 

Junto con el desprecio emerge otra falencia, una tal vez más dañina incluso que el optimismo y el pesimismo porque es más insidiosa, comúnmente mucho menos reconocida. Me refiero al resentimiento, uvas ácidas[2]: resentimiento porque “nosotros” no tenemos el poder, que “ellos” lo tienen y disfrutan su beneficio, la riqueza y prestigio que los acompaña, una riqueza y poder que “nosotros”, el pueblo elegido, deberíamos con razón estar disfrutando pero de la que nuestros enemigos nos han privado.

Cuando la princesa Diana de Gales murió en un accidente de tránsito y Gran Bretaña entró en un estado de extrema tristeza, los comentaristas del “movimiento” se apresuraron en burlarse y condenar a alguien cuya vida había incidido mucho más profundamente sobre más personas, que lo que las suyas probablemente hicieron. Ella era una falsificación de los medios, se quejaban, en lugar de preguntarse a sí mismos qué fue lo que la hizo tan amada.

Hace algunos años, el líder de un partido nacionalista en Gran Bretaña, informando sobre una gira de conferencias en Estados Unidos, señaló que había tenido que hacer frente a una generalizada admiración por Margaret Thatcher. “Repetidas veces tuve que explicarles pacientemente”, recuerda pedantemente, “que Thatcher es débil, no fuerte”. No hubo mención a lo que todos podrían aprender de ella.

Esto me recuerda a los niños que tienen que saber si alguien es un “bueno” o un “malo”. “Margaret Thatcher” es una buena, ¿no es cierto?”, “No, pobres e ingenuos niños yankees, ella es una mala”. “Oh, caramba, yo no sabía eso”.

Excepcionalmente, el conservador miembro del parlamento, Enoch Powell, famoso por su discurso “Ríos de Sangre” contra la inmigración de color en Gran Bretaña, fue hasta cierto punto reconocido como una figura poderosa por derecho propio por los líderes del Movimiento en Gran Bretaña, y no es coincidencia que su oposición a una sociedad multirracial y la aceptación de él por figuras del movimiento impulsara en ese momento al Britain’s National Front.

5. Sectarismo 

Los grupos que se sientan cómodamente en un ghetto comienzan a adquirir las características de una secta, y como los miembros de una secta, aquellos que esperan promover la Causa, como francmasones, gustan de emplear dos lenguajes, uno para iniciados y otro para el público en general. Este es especialmente el caso relativo a Adolf Hitler y actitudes hacia los judíos. Se vuelven tan acostumbrados a predicar a los convertidos (donde gastan, otra falencia, demasiado tiempo en lugar de predicar a los no-convertidos) que se sienten desconcertados y ofendidos en las raras ocasiones en que llegan a presentar sus puntos de vistas al público.

Hace algunos años un bien conocido estadounidense líder del movimiento fue entrevistado por el periodista Christopher Hitchens. Se preguntó al líder si era cierto que él celebraba el cumpleaños de Hitler cada año: “Eso es perfectamente cierto”. Cuando fue preguntado por qué (ciertamente una pregunta razonable) el hombre se sintió nervioso y molesto. “Eso no tiene nada que ver con nuestra política”. Christopher Hitchens (él mismo parte judío) tuvo una reacción totalmente comprensible: “Oh, pasemos de eso”, dijo. Abundan ejemplos de esta arrogancia y la incapacidad para tratar con las preguntas de los foráneos.

6. Banderas falsas 

El fracaso en separar muy claramente lo fundamental de lo efímero y lo históricamente impugnado, se manifiesta en la falta de cuidado en el uso de figuras históricas y banderas para impulsar una causa. Esto toma dos formas. Una es la promoción de ghetto de símbolos y banderas históricas del Tercer Reich de Alemania. Pero esta radical caricatura no es tan destructiva como la más generalizada y auto-lesiva apropiación de figuras y banderas de la historia moderna que también están siendo utilizadas por el oponente.

Churchill y Lincoln, por ejemplo, son figuras polémicas, pero más honradas por muchos comentaristas del Establishment y los medios de comunicación, quienes no deben tener más lugar en la iconografía de la Causa, que Hitler. Como Hitler, ellos son divisivos. Discutir sobre un “bueno” o “malo” Lincoln y Hitler indudablemente tiene su lugar para aquellos interesados en la historia, pero usar tales personas como íconos o diablos es entrar en un pantano de pérdida de tiempo.

Menos obvio pero incluso potencialmente más divisivo, es la apropiación de banderas nacionales. La apropiación del tricolor revolucionario por el Front National de Francia – la primera bandera izada como un símbolo de francmasonería, igualitarismo, terror, y regicidio – obliga al Front National a apelar a los así llamados valores republicanos como fundamentales. Estamos de vuelta en la confusión de valores fundamentales y política.

Ni el republicanismo ni el monarquismo son fundamentales en la forma en que la supervivencia de la persona, la raza y el planeta son fundamentales. A pesar de las apariencias, republicanismo y monarquía, como comunismo y capitalismo, son efímeros. El uso de Union Jack[3] u Old Glory[4] por cualquier “movimiento” es también problemático y divisivo. Comprometerse con figuras del Establishment sobre “mi bandera” no es elevador o instructivo, y los representantes se van a perder en eso todo el tiempo.

7. Nacionalismo mezquino y nostalgia 

Ondear banderas nacionales destaca la fuerza más divisoria en la historia de la raza blanca, es decir, el nacionalismo. Uno puede ser más o menos un nacionalista al mero nivel de intercambio y negociación de políticas, pero la nación no debería volverse una religión. En Europa casi todos los adherentes de la “extrema Derecha” lo hacen.

Pero en el mundo actual, los viajes, economía y tecnología han reducido la importancia del lugar y fortalecido la importancia de la creencia. En consecuencia, los partidos de “extrema Derecha” son incapaces de sacudirse la sombra de pesar nostálgico, de mirar a atrás, de preocuparse más por el pasado que del futuro. Esta es la triste impresión que la observancia de sus banderas nacionales y culto a figuras del pasado tiende a crear. Pero cualquier cosa que suene nostálgica, también suena políticamente ineficaz.

8. El factor social: La metapolítica es más que sólo ideas. 

Una actitud frenética en cuando, impulsada por el ya mencionado optimismo y pesimismo, conduce una y otra vez a sumergirse apresuradamente en política antes de que las bases necesarias hayan sido establecidas. Como fue correctamente señalado por el movimiento francés “Nueva Derecha” en 1970´s y 80´s, los movimientos políticos son erupciones tardías de cambios sísmicos que han primero tenido lugar no en un clima político, sino que cultural. Pero muchos de los propios adherentes de la Nueva Derecha francesa no pudieron ejercitar la virtud de la paciencia que ellos declaraban y se marginaron de los partidos políticos y polémicas, con tristes consecuencias.

Lo que la Nueva Derecha francesa no comprendió es que la cultura no es meramente una cuestión de apreciación intelectual y debate; ella describe una forma de vida, de interacción social. Pero la Nueva Derecha, no hizo intento alguno por proveer un permanente “hogar” social, no político. Aunque la Causa se deleita como los Judíos en la política de ghetto, no aprovecha el lado positivo de la exclusividad como los Judíos famosamente hacen, es decir, a través de la creación de redes sociales. Crear comunidades de personas adherentes a las mismas creencias es mucho más importante que crear movimientos políticos que tienen como objetivo persuadir votos lejos del descontento. Eso está en el final del cambio revolucionario y no en el principio.

Una sobrestimación de la importancia de lo político y una subestimación de la importancia de lo social es otra falencia clave de la Causa. La Causa da a sus propios miembros como asegurados, sin cuestionar el sacrificio de ellos, sin evaluar la pérdida en que la adherencia a la Causa puede incurrir, y aparentemente apenas preocupándose por ello. La llamada al sacrificio debería ser compensada con beneficios, beneficios de amistad y tal vez más. Unirse a la causa debería involucrar unirse a un grupo de amigos y simpatizantes. Ayudar a los demás, apoyándolos, siendo sensible con el sacrificio  que otros hacen, debería ser un sello distintivo de cada grupo. Por estos grupos las personas estarán dispuestas a sacrificar incluso sus vidas, no por principios abstractos. Exitosos grupos y movimientos revolucionarios desde los primeros cristianos y los judíos hasta el presente, saben esto muy bien.

Ha sido muy fácil enumerar brevemente algunas de las falencias y no todas las de la Causa. La destrucción del criticismo debe ser seguida por la tarea constructiva de esbozar maneras más efectivas de promover la causa de la cordura. Esto es lo que en la parte final de esta serie de tres partes me propongo hacer.

Notas

1. NdT: Escila y Caribdis corresponden a monstruos de la mitología griega.

2. Expresión alusiva a la fábula del zorro y las uvas. Habiendo tratado en vano de obtener las uvas, el zorro se convence a sí mismo que no estaban maduras. Al imaginarse las uvas ácidas, el zorro indujo una emoción diferente, o una actitud en sí mismo. En este sentido, “uvas ácidas” significaría una actitud de desdén para con algo que se desea pero que se sabe imposible de conseguir.

3. NdT: Nombre de la bandera de Reino Unido.

4. NdT: Nombre de la bandera de Estados Unidos.

 

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