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El problema Musulmán

2,792 words

IslamwillDominatetheWorldEnglish original here

En los Estados Unidos, muchos americanos blancos que tienen miedo de ser étnicamente inundados por inmigrantes no-blancos no están dispuestos a realmente decirlo, por miedo a ser llamados racistas. Entonces en su lugar ellos rechazan la inmigración ilegal.

Pero arreglar la inmigración ilegal no arregla el verdadero problema, ya que los inmigrantes ilegales pueden ser tan simplemente legalizados por el gobierno, e incluso si toda la inmigración fuera frenada, los blancos aún seguirían siendo desplazados demográficamente por los no-blancos de rápida-reproducción que ya están aquí.

La lección aquí es la siguiente: No puedes resolver un problema si no puedes precisamente nombrarlo.

Pero, por otro lado, si la inmigración ilegal es la primera cosa en despertar a los americanos blancos a nuestra crisis demográfica, deberíamos darle la bienvenida a ese hecho, luego tratar de explicar la naturaleza plena del problema y lo que se debe hacer para solucionarlo.

En Europa también, muchos blancos están preocupados por el desplazamiento demográfico por parte de los inmigrantes no-blancos.  Pero en lugar de oponerse a los no-blancos como tal, ellos prefieren quejarse de la islamización. Pero esto también contiene trampas.

¿Son los no blancos aceptados sino son musulmanes? En tal caso, hay billones de otros no-blancos de los cuales elegir: Cristianos, Budistas, Hinduistas, etc.

¿No es el problema el “extremismo” o “fundamentalismo” islámico, en lugar de la gente que simplemente es nominalmente musulmana? Si es así, la solución entonces es secularizar a los extremistas que están aquí y ser más selectivo con los inmigrantes futuros, de forma que sólo recibamos musulmanes seculares, nominales. De hecho, hay ya muchos de ellos del movimiento ataturkista en Turquía y el Baathista en los países árabes, siendo estos los mejores ejemplos.

Atacar al Islam invita a una gran cantidad de otras distintas distracciones y objeciones pequeñas. ¿Qué hay de los suníes contra los chiitas? ¿Qué pasa con los sufíes? ¿Los bosnios y albanos? ¿No son ellos europeos? ¿Son los maronitas, armenios y georgianos europeos porque son cristianos?  Nada de estos asuntos importan si apropiadamente identificamos el problema como desplazamiento demográfico por no-europeos.

Atacar al islam no cae bien a los secularistas europeos, que pelearon largo y duro por la tolerancia religiosa. Ellos piensan que el islam puede ser tolerante también. Tomó cientos de años, por supuesto, y muchas guerras, pero Europa logró salir de los colmillos del cristianismo. Hoy en día, la mayoría de los blancos son nominalmente cristianos y liberales de facto, la cual es la verdadera religión civil de occidente. Por lo tanto es completamente concebible que los colmillos del islam puedan ser también removidos. Por supuesto, sería saludable revisar la historia del Iluminismo en Europa, como algunos blanquean ante la perspectiva de volver Europa un campo de batalla durante tres siglos aproximadamente tan sólo para “enriquecernos” con musulmanes nominales.

Atacar al Islam les permite a los cristianos enmarcar las políticas de identidad europea como una lucha entre dos religiones universalistas, el cristianismo y el islam. Pero no estamos peleando por el cristianismo, por la cristiandad, el cual es ahora más no-blanco que blanco. Estamos peleando por la raza blanca, sin importar la religión.

Atacar al Islam también juega en las manos de nuestro enemigo principal, la judería organizada, la cual se encuentra feliz de desviar el sentimiento blanco anti-islámico en apoyo a la pelea de los enemigos de Israel en el extranjero, en lugar de pelear al islam en las calles de Europa. Ciertamente, Israel no sólo destruye a los regímenes fuertes islámicos en sus barrios, sino que manda nuevas oleadas de refugiados musulmanes para destruir los países blancos, matando dos pájaros con la misma piedra (una piedra que nosotros mismos proveemos).

Nuevamente, no podemos pelear a con los enemigos y arreglar problemas si no los podemos precisamente nombrar.

Por otro lado, si la barbarie islámica, la intolerancia, la violencia, y las declaraciones francas que tienen previsto asimilarnos en realidad despiertan algunos de nuestro pueblo, debemos alegrarnos de ello. Pero debemos trabajar para asegurarse de que vean todo el problema y la solución necesaria, y no se desvíe por medias verdades y medidas a medias.

El problema es la destrucción de la raza blanca por los no blancos, a través de encharcamientos demográficos, el mestizaje, y el genocidio .La solución es el nacionalismo blanco: la creación de patrias blancas étnicamente homogéneas a través de las fronteras en movimiento (partición, secesión) y las poblaciones en movimiento.

En toda lucha política, como en toda guerra, debemos decidir quién es “nosotros” y quién es “ellos,” el enemigo. Somos blancos – no cristianos, no conservadores, no occidentales, etc. Aunque dichas categorías se superponen un tanto con la raza blanca – y nuestros enemigos son los que promueven nuestra destrucción racial, es decir, los no blancos y los blancos traidores.

Pero la coalición dura que se nos opone es la judería organizada. Eso hace a los judíos el principal enemigo, porque no podemos reorganizar y poner en orden nuestra casa sin vencerlos. El rol de los judíos en crear la presente crisis es interesante pero en su mayoría una cuestión académica, porque el cambio político es en definitiva sobre el futuro, no sobre el pasado. Y no hay duda de que la judería organizada hoy se opone a cada política necesaria para salvar nuestra raza, y ellos son los que están financiando y haciendo de eje a toda la coalición anti-blanca. Y debido a que los judíos tienen un record de subvertir movimientos que les oponen, no nos podemos arriesgar en confiar incluso en aquellos judíos que expresan simpatía por nuestra causa, porque eso es exactamente lo que subversivos judíos dirían.

Dicho eso, es un error desestimar al problema musulmán simplemente como una expresión del problema judío, o como una distracción del problema de la raza, porque el islam es una variable independiente. Si resolvemos la cuestión judía, y si resolvemos el problema racial,  aún habría un problema musulmán. El Islam se encuentra en guerra con el resto de la humanidad desde los días del profeta. Ha traído guerra, muerte, esclavitud y aniquilación racial y cultural a millones. Esto no es, además, una desviación de “verdadero” Islam sino una expresión de él. El establecimiento de un gobierno islámico significaría la muerte de la civilización blanca y de la raza blanca.

El islam era una amenaza para los blancos antes de la actual hegemonía judía, y seguirá siendo una amenaza cuando la hegemonía judía haya finalizado. El Islam no es sólo un problema porque es practicado por no-blancos. El islam hace a los no-blancos más militantes y destructivos hacia la civilización blanca. Como un comentador señaló, esto puede que sea providencial, porque sin el islam, sería posible que muchos europeos crean que una sociedad multirracial y multicultural puede llegar a funcionar.

Hacer una cuestión del Islam revela confusiones intelectuales y devela a los falsos amigos en nuestras filas:

  • Anti-semitas de un solo-camino se enfurecen cuando el Islam es atacado, porque tienen miedo de que inevitablemente “juegue a favor de los judíos”. Pero no es ni uno ni lo otro: tanto como judíos y musulmanes son un problema, y ellos son un problema en sí mismos como también entre ellos.
  • Aquellos que ponen su antisemitismo por sobre la raza rechazan la crítica al islam porque esperan una alianza.
  • La gente que pone “tradición” (t minúscula o mayúscula) antes que la raza simpatiza con el islam y se enfurece cuando es atacado.
  • La gente que pone al patriarcado (y, seamos francos, la misoginia) antes que la raza simpatiza con el Islam.

La gente que pone al machismo, la belicosidad, y el barbarismo antes que la raza simpatiza con el Islam.

¿Entonces, que, debería ser la solución nacionalista blanca para el problema musulmán?

  • Si los no blancos, incluidos los judíos, se van de las tierras blancas por su propios medios, el Islam se convertiría en su mayor parte una cuestión de política exterior hacia el mundo musulmán, la ummah, incluyendo sus puestos avanzados de Europa Bosnia y Albania.
  • Los blancos serían completamente libres de convertirse al Islam. Pero ya que el Islam es una religión política, y por lo tanto una amenaza para los órdenes políticos blancos, esos conversos serían enviados al destino de la ummah de su elección.
  • Los países blancos mantendrían relaciones con el mundo islámico, pero por nuestra propia seguridad debemos preferir regímenes musulmanes nacionalistas y seculares.
  • Dondequiera que nuestros intereses raciales dicten, nos aliaríamos con los pueblos que están resistiendo la invasión islámica.
  • La patria judía de Israel existiría al lado de una patria Palestina, bajo la mira de miles de misiles nuclearos, para que los judíos se comporten.

En suma, la política blanca hacia el mundo islámico no estaría más dictada por los judíos, sino por nuestra identidad e intereses. La cual eliminaría virtualmente cada guerra existente e intervenciones en el mundo islámico. Y eso es todo. Sería un mundo en el cual todos podemos vivir.

Pero no vamos a llegar ahí desde acá a menos que obtengamos algo de claridad intelectual sobre valores y distinciones fundamentales. Este es el propósito de la metapolítica. Es particularmente importante para los nacionalistas blancos, debido a que en el presente mundo, nuestro único aliado es la verdad, y nuestro más grande recurso es la honestidad y la credibilidad.

Desafortunadamente, la política nos transforma a todos en mentirosos. Dos casos puntuales son las reacciones de Guillaume Faye y Marine Le Pen sobre lo ocurrido en Charlie Hebdo.

El 18 de enero de 2015, una editorial por Marine Le Pen “Llamar a esta amenaza por su nombre”, apareció en el New York Times. Lo que su apariencia en el Times significa en términos de opinión mundial y estrategia judía es un asunto para otro tiempo. Me quiero centrar en lo que ella dijo.

La señorita Le Pen empieza con una cita atribuida a Alberto Camus: “El nombrar erróneamente las cosas es agregarle al mundo infelicidad”. Luego ella continúa nombrando erróneamente el problema en términos esencialmente idénticos a los de George W. Bush después del 11-S:

Llamemos a las cosas por su nombre, desde que el gobierno Francés parece reacio a hacerlo. Francia, la tierra de los derechos humanos y la libertad, fue atacada en su territorio por una ideología totalitaria: el fundamentalismo islámico. Es sólo al rechazar estar en negación, al mirar al enemigo a los ojos, que podemos evitar problemas mezclados. Los musulmanes necesitan escuchar este mensaje. Ellos necesitan la distinción  clara entre su fe y los terroristas islamistas.

Sin embargo, esta distinción tan sólo se puede hacer si uno tiene la voluntad de identificar la amenaza. No les hace favor a nuestros compatriotas musulmanes, el alimentar sospechas y dejar las cosas sin hablar. El terrorismo islámico es un cáncer en el Islam, y los musulmanes deben pelearlo a nuestro lado.

Lo que Francia necesita es ser nuevamente francesa. Esto significa la partida de millones de no franceses, la mayoría de ellos no blancos, muchos pero no todos musulmanes, muchos pero no todos no-fundamentalistas. Así, al afirmar que el problema es simplemente el fundamentalismo blanco, la gran mayoría del problema es dejado de lado. Es más, Le Pen no dice una palabra sobre enviar a los musulmanes fundamentalistas de regreso a la ummah, aunque ella hace una propuesta bastante radical de sacarle la ciudadanía francesa a los yihadistas, la secuela natural sería la expulsión.

La señorita Le Pen básicamente dijo la más mínima verdad para entrar en la impresión del New York Times. Porque, con la Derecha, entre más sincero es el discurso de uno, más pequeña es la audiencia que los judíos te permiten alcanzar. Pero incluso esta expresión arenosa es radical comparada con lo que el gobierno francés admitirá. Así que la editorial de Le Pen aún significa un paso adelante, el comienzo de una conversación mayor sobre el Islam y  Francia, una oportunidad que deberíamos utilizar para tratar de dirigirla hacia nuestra dirección.

Guillaume Faye ha criticado a Le Pen sobre su postura moderada y perspectivas económicas con la verdad. Pero Faye es demasiado político, entonces deshonesto en su propia forma. Su estrategia es enfocarse en el Islam y evitar el problema judío. Estoy seguro que él piensa que puede ganar una mayor audiencia así. Estoy seguro que cree que la inmigración islámica es una situación de mayor urgencia. Estoy seguro que él piensa que sería ventajoso  aparecer con una postura anti anti-semita con la esperanza de dividir el bloque judío y así reducir su oposición al nacionalismo francés.

No sólo entiendo su posición, sino que la puedo consentir en un sentido calificado, es decir que considero que algunos de los nuestros deberían tomar los riesgos de esta posición y cultivarla intensamente, porque acerca a alguna gente de las corrientes principales más cerca a la verdad. Y mientras que gente como Kevin McDonald existan, algunas de estas personas pueden llegar al resto de la verdad.

Pero para acercarlos al resto del camino, tenemos que mantener una presión constante. Eso significa llevar a los Faye del mundo a enfrentar sus omisiones. Y francamente, en la sección final de su ensayo, “Carnicería Yihadista en Paris”, parece que Faye se está poniendo a sí mismo a tal crítica.

Porque si él va a usar el cabezal “Designar el Enemigo es el problema central”, y si él está dispuesto a retirarse de los eventos contemporáneos para hablar de una guerra antigua, yendo hasta el siglo VII, entre el Islam y el resto del mundo, esto pide a gritos una corrección.

Porque si vamos a nombrar a los principales enemigos de los blancos, en un sentido dual de (1) quienes nos han hecho más daño demográficamente y culturalmente, y más importante, (2) quien es el núcleo duro de la oposición a la solución de nuestros problemas, la respuesta es la comunidad judía organizada. Y la enemistad del judaísmo con la humanidad es mucho más antigua que el Islam, el cual es sólo un descendiente de la tradición religiosa abrahamica.

Faye pooh-poohs[1] la idea de musulmanes “buenos” y “moderados” porque él quiere a toda la comunidad fuera.  Pero él sí reconoce que hay musulmanes quienes son nuestros aliados objetivos contra el fundamentalismo islámico. Él inclusive hace referencia a tres de ellos: Bashar Al-Assad, Muammar Qaddafi, y Saddam Hussein, todos ellos musulmanes nominales quienes estaban comprometidos a la ley secular y una gran tolerancia religiosa. Quiero que este tipo de musulmanes florezcan, pero fuera de las tierras Europeas, con todo el resto de sus co-religiosos.

Faye, sin embargo, nos quiere hacer creer que hay judíos buenos y judíos malos. Y él nunca ha dicho ni  pío sobre enviar a cualquier grupo afuera de Europa. Mi actitud hacia los judíos es exactamente análoga a su visión sobre los musulmanes: hay buenos y malos judíos, pero tales distinciones no deberían distraernos de la abrumadora necesidad de liberar a las tierras europeas del poder judío, y esto significa separarnos de toda la comunidad. Quiero que los judíos buenos y moderados florezcan, pero en Israel, con el resto de su gente.

Faye no lo dirá, porque él está involucrado en la política, y la política nos hace a todos mentirosos. Es por eso que me aferro a la metapolítica: Quiero decir la verdad tal cual como la veo. Y , en la Guerra Mundial más larga de todas, entre la semilla de Abraham y el resto de la humanidad, decir la verdad es la única cosa práctica de hacer, dado que, como Faye dice, debemos nombrar al enemigo. No podemos pelear a un enemigo que no podemos nombrar.

Faye claramente no quiere ser el enemigo de los judíos. Pero lo que Faye quiere no importa, como si cita de Julien Freund dice: “Incluso si usted no elige al enemigo, el enemigo te elige a ti. Y si verdaderamente eliges a un enemigo, puede que sea el más bello acto de amistad. Mientras él quiere que usted sea el enemigo, lo eres. Y le impedirá tender su propio jardín”

Se necesitan dos para ser amigos, y sólo uno para ser enemigos. Y la comunidad judía ha marcado a Faye como el enemigo, junto a todos nosotros. Los blancos están seleccionados para el exterminio por todo tipo de políticas genocidas que los judíos rechazan de aplicar en su propio país mientras que lo imponen en el nuestro. Debido a que los judíos son más conscientes de lo que promueve el genocidio que cualquier otro pueblo, es tonto pensar que ellos son inconscientes o están avergonzados de este doble estándar. Ellos conscientemente intentan destruirnos como raza, y todos los inmigrantes no-blancos, no sólo a los más militantes y ofensivos entre ellos, son sólo armas biológicas judías de destrucción masiva.

Hasta que no tratemos a los judíos como enemigos, y los derrotemos, nunca vamos a estar solos para tender nuestro propio jardín.

[1] Se utiliza para expresar desprecio o incredulidad.

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