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¿Por qué leer a Hegel? Notas sobre el final de la historia

HegelAbsolut4,486 words

English original here

Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770–1831) ha tenido una tremenda influencia en el mundo moderno, no sólo en la historia de las ideas, sino también en el reino de lo político. ¿Qué tan grande su influencia? Sin Hegel no habría habido Marx; sin Marx, no habría Lenin, Mao, Castro y Pol Pot. Ahora, reflexiona por un momento la diferencia que el Comunismo ha hecho en el mundo moderno, incluso en los países no comunistas, cuyas políticas fueron profundamente motivadas por el deseo de derrotar al Comunismo. 

El comunismo es, sin duda alguna, la más importante e influyente, sin mencionar letal, innovación política del Siglo XX; y, antes de Marx, algunos de sus fundamentos intelectuales fueron expuestos por Hegel. Debo agregar, sin embargo, que Hegel hubiera rechazado al Marxismo y por lo tanto no puede ser responsable de las mentes menores influenciadas por él; es más, no todos los aspectos de su legado político y cultural son tan negativos; y, adecuadamente entendido, Hegel tiene el potencial de ejecutar una inmensa influencia positiva en las culturas y políticas modernas.

Externamente, Hegel no tuvo una vida particularmente interesante. Nació en 1770 en Stuttgart, hijo de una familia educada, de clase media, de abogados, servidores civiles, y pastores luteranos.  Hegel fue educado en la Universidad de Tübingen, primero como seminarista. Compartió habitaciones con Friedrich Wilhelm Joseph Schelling y Friederich Hölderlin, quienes hicieron enormes contribuciones a la filosofía y letras alemanas. Habiendo completado el equivalente a un doctorado en filosofía, mantuvo una serie de posiciones de tutoría, colaboró en un par de revistas profesionales, heredó y gastó su patrimonio, y se halló en la quiebra llegando a sus treinta años.

La salvación llegó de la mano de un contrato por un libro con un saludable adelanto pero una pena draconiana por la demora. Hegel comenzó a escribir… y escribir… y escribir.  Su límite de trabajo fue demasiado lejos; cada capítulo se volvió más grande que el anterior, y Hegel se encontró peligrosamente cerca de su fecha límite, escribiendo fervorosamente para acabar su trabajo, mientras que fuera de la ciudad dónde él residía, Napoleón peleó y derrotó al ejército Prusiano en la Batalla de Jena. En el medio del caos, las tropas Francesas estaban ocupando la ciudad, Hegel abultó la única copia de su manuscrito y lo puso en el correo. Llegó al editor, y el año siguiente, en 1807, el trabajo más celebrado de Hegel, Fenomenología del Espíritu, fue publicado.

Fenomenología del Espíritu es uno de los trabajos clásicos del idealismo alemán: más de 500 prolijas, dispersas, tortuosas, y mentalmente emocionantes oscuras páginas. Mi copia está cubierta de abolladuras de todas las veces que lo tiré contra la pared o contra el piso en frustración. Hegel es, sin duda alguna, el peor estilista en la historia de la filosofía. A diferencia de Kant, que podía escribir bien cuando quería pero elegía no hacerlo, Hegel no podía escribir una oración clara si su vida dependiera de ello. Heinrich Heine lo reporta en su lecho de muerte, se dice que Hegel suspiró, “Sólo un hombre me entendió.” Pero entonces, unos minutos después agregó inquietamente “E incluso él no me entendió”. Nunca tanto ha sido tan malentendido por tantos.

Fenomenología del Espíritu marcó los fundamentos del sistema filosófico de Hegel y de su reputación y de su carrera académica, pero tardó diez años en recibir un cargo académico. Por el resto de su vida enseñó, escribió y publicó. Y luego, en 1831, él murió. Ahora, en este punto, con cualquier otro autor; concluiría diciendo “y el resto es historia”. Pero en el caso de Hegel, no es tan simple.

Fenomenología del Espíritu

Debido a sus formidables dificultades, ¿por qué alguien quisiera pasar por el problema de leer un libro como Fenomenología del Espíritu? Porque, si Hegel tiene razón, entonces la historia llega a su fin con su libro. Específicamente, Hegel sostuvo que la batalla de Jena traería el fin de la historia mundial en un sentido concreto porque era el punto de  cambio en la batalla entre los principios de la Revolución Francesa – libertad, igualdad, fraternidad, secularismo y progreso- y los principios del absolutismo tradicional, la llamada alianza del trono y el altar.

Napoleón era, para Hegel, el Weltgeist encarnado, sobre un caballo. Napoleón, sin embargo, no entendió su significado. Pero Hegel sí. Y cuando Hegel entendió el significado histórico mundial de los principios de la Revolución Francesa y su avatar militar, Napoleón, y lo escribió en la Fenomenología del Espíritu, el creyó que el propósito subyacente de la historia había sido realizado. Así como Cristo era la encarnación del logos divino, también lo es el mundo histórico –y el libro- provocada por la Revolución Francesa la encarnación del logos de la historia humana, y Hegel y Napoleón jugaron el rol del Espíritu Santo, mediando entre los dos, haciendo el ideal (el concepto) concreto.

Ahora, a primera vista –y quizás también en un segundo vistazo- todo esto debe parecer bastante loco. Hay más locura por venir. Pero creo que si tu experiencia es como la mía, encontrarás que estas afirmaciones, que inicialmente parecerían tan locas, se encuentran con un cierto método, e incluso una lógica. Hegel y su más entendible y carismático expositor Alexandre Kojève ejercen una extraña fascinación, la cual espero que puedan compartir. Si ellos estaban locos, entonces espero poder convencerte que estos fueron casos de locura divina.

¿Qué es la “Historia”?

La principal razón para leer a Hegel es que él provee perspectivas profundas a la filosofía de la historia y la cultura. ¿Pero a que se refiere Hegel con “historia”? Si la historia es algo que puede llegar a su final a través de una pelea y de un libro, entonces Hegel debe haber tenido una muy específica –y muy peculiar- concepción de la historia en mente. Esto es verdad.

La historia, para Hegel, es la historia de las ideas fundamentales, interpretaciones básicas de la existencia humana, interpretaciones de la humanidad y nuestro lugar en el cosmos; “horizontes” básicos o “cosmovisiones”. La historia para Hegel es equivalente a lo que Heidegger llamó “La Historia del Ser” – “Ser” siendo entendido aquí como cosmovisiones fundamentales y hegemónicas. Por el beneficio de la uniformidad, diré que la historia hegeliana es la historia de las “interpretaciones fundamentales de la historia humana”. Cuando estas interpretaciones son explícitamente articuladas en términos abstractos, son lo que llamamos filosofías.

Pero sería un error pensar a estas interpretaciones fundamentales de la existencia humana como meras posiciones filosóficas abstractas. Ellas también pueden ser encontradas en articulaciones menos abstractas, como los mitos, la religión, la poseía, y la literatura. Y ellas pueden ser concretamente encarnadas: en el arte y la arquitectura y todas las otras producciones culturales, como también en las prácticas e instituciones políticas y sociales.

Efectivamente, Hegel sostiene que estas interpretaciones fundamentales de existencia existen en su mayoría en formas concretas, más que abstractas. Ellas existen como presupuestos “tácitos” encarnadas en el lenguaje, el mito, la religión, las costumbres, etc. Aunque estas pueden ser articuladas tan solo en parte, no necesitan serlo y pocas veces lo son enteramente. Estas interpretaciones fundamentales de la existencia son lo que Nietzsche llama “horizontes”: mudos, inarticulados,  irreflexivos valores y actitudes que constituyen los parámetros vinculantes y fuerzas vitales de una cultura.

La historia para Hegel sí incluye hechos y eventos históricos más concretos y mundanos, pero sólo siempre y cuando estos encarnen interpretaciones fundamentales de la existencia humana –y hay pocas cosas en el mundo que no encarnen tales interpretaciones. Incluso las estrellas, que parecieran caer en el reino de las ciencias naturales y la historia natural, caen en la historia humana y el mundo humano, en tanto que ellas son inferidas desde los puntos de vista terrestres, y a través de lentes de diferentes mitos y culturas, como constelaciones, augurios, o incluso dioses. Efectivamente, debido a que todas las ciencias son en sí mismas actividades humanas, y las ciencias interpretan toda la naturaleza, toda la naturaleza cae dentro del mundo humano.

El “mundo Humano”: Idea, Espíritu

Estuve utilizando la expresión “mundo humano”. ¿Pero qué significa? Significa que el mundo de la naturaleza es interpretado por la razón humana y transformado por el trabajo humano. El mundo humano llega a ser cuando los hombres se apropian de la naturaleza, cuando la hacemos nuestra al darle sentido y/o al transformarla a través del trabajo, integrándola por lo tanto en la telaraña de asuntos humanos, propósitos humanos y proyectos humanos.

Este proceso puede ser bastante simple. Una roca en tu entrada de garaje es simplemente un pedazo de la naturaleza. Pero puede ser traída al mundo humano al dotarla con un propósito. Uno puede usarla como un pisapapeles; o como un ejemplo en una clase. Al hacer esto, me apropié de la roca, levantándola del mundo natural, dónde no tenía propósito y significado, y trayéndola al mundo humano, donde tiene propósito y significado.

La principal preocupación de Hegel como filósofo es con el mundo humano. Ahora, Hegel es conocido como un “idealista”. El idealismo es generalmente sostenido como una tesis de que el mundo está compuesto de “cosas de ideas”. Y estas son supuestamente algo fantasmal, numinoso, inmaterial, mental. ¿Esto significa que Hegel sostenía que el mundo humano era algo de alguna forma numinoso y abstracto?

No, Hegel no es ese tipo de idealista. Hegel tiene una forma muy peculiar de usar la palabra “idea” (Idee). Cuando Hegel habla de “ideas” fantasmales, inmateriales, abstractas y mentales él utiliza la palabra alemana “Begriff”, la cual es bien traducida por “concepto”. Y los conceptos, aunque relacionados a ellas, son distintos de las ideas. El entendimiento de Hegel de la distinción y la relación de los conceptos y las ideas puede ser expresado en la siguiente ecuación:

Concepto + Concreto = Idea

Las ideas para Hegel no son abstractas y numinosas, porque la Idea Hegeliana consiste en trozos de sólida, realidad concreta interpretada, trabajada, y de otra forma transformada a la luz de los conceptos. O, formulada a la inversa, la Idea Hegeliana consiste de conceptos que han sido concretamente realizados en la realidad, ya sea desplegando conceptos meramente para interpretar la realidad o como esquemas para transformarla. La Idea Hegeliana es idéntica al mundo humano, y el mundo humano es el mundo de los objetos naturales concretos interpretados y transformados por seres humanos.

Otro termino que Hegel utiliza como equivalente a la Idea es “Espíritu”. Nuevamente, esta palabra tiene una connotación abstracta y numinosa, pero no para Hegel. Para Hegel, Espíritu e Ideas pueden ser tan sólidos y concretos como una roca, siempre y cuando la roca haya sido transformada a la luz de los conceptos humanos. Así que la roca/pisapapeles previamente mencionada es un pedazo de Espíritu, un pedazo de Idea. La historia propiamente no es, sin embargo, la historia de los conceptos mundanos, de las Ideas mundanas, y modestos pedazos de Espíritu como un pisapapeles. La historia es la historia de los conceptos fundamentales, Ideas fundamentales: interpretaciones fundamentales de la existencia humana, tan articularmente abstractas como concretamente encarnadas.

Para resumirlo:

El Mundo Humano = Espíritu = Idea = Conceptos + Concretos

La Historia como Dialéctica

Hegel afirma que todas las interpretaciones fundamentales de la existencia humana que caen dentro de la historia son interpretaciones parciales e inadecuadas, que son relativas al tiempo, al lugar, y a la cultura. Esta es la posición conocida como “historicismo”; es la fuente de la aserción común de que una persona o una producción cultural es una criatura o producto de una cultura y tiempo particular.

Debido a que hay una pluralidad de distintos lugares, tiempos y culturas, hay también una pluralidad de distintas y diferentes interpretaciones fundamentales de la existencia humana. La existencia de una pluralidad de diferentes interpretaciones de la existencia humana en la superficie finita de un globo significa que al fin y al cabo estas diferentes interpretaciones y culturas que las concretizan entrarán en contacto –e inevitablemente, en conflicto- entre ellas.

La historia es el registro de estas confrontaciones y conflictos entre diferentes cosmovisiones. Entonces, la estructura lógica de la historia es idéntica a la estructura lógica del conflicto de las diferentes cosmovisiones. La estructura lógica de los conflictos de estas cosmovisiones es llamada “dialéctica”. La historia, por lo tanto, tiene una estructura dialéctica.

La dialéctica es la lógica de la conversación. Es el proceso por el cual perspectivas parciales e inadecuadas trabajan para la comunicación y el entendimiento mutuo, creando por lo tanto una más amplia, más abarcadora y adecuada perspectiva.

La dialéctica es el proceso por el cual diferentes perspectivas individuales o culturales, con todas sus idiosincrasias, se abren camino hacia una perspectiva común más abarcadora.

La dialéctica es el proceso donde ampliamente tácticos horizontes culturales–mito, religión, lenguaje, instituciones, tradiciones, costumbres, prejuicios- son progresivamente articulados y criticados, dejando de lado lo irracional, idiosincrático, parroquial, y adventicio en favor de la universal, racional y completa auto-conciencia.

Lo que lleva hacia adelante este proceso es la búsqueda de una interpretación de la existencia humana que sea adecuada a nuestra naturaleza. Es la búsqueda de un verdadero entendimiento de la existencia humana. Y esto presupone que los seres humanos tienen una fundamental necesidad de un entendimiento correcto de ellos mismos y su mundo, una necesidad que conduce hacia adelante la dialéctica.

Ahora, dado que las interpretaciones fundamentales de la existencia humana toman la forma no sólo de teorías abstractas, sino de instituciones concretas, prácticas, culturas y formas de vida, la dialéctica entre estas cosmovisiones no es llevada adelante meramente en seminarios, simposios y casas de café. Se lleva adelante también en el reino concreto en la forma de luchas entre diferentes partidos políticos, grupos de interés, instituciones, clases sociales, generaciones, culturas, formas de gobierno, y formas de vida, en tanto que todas estas encarnan diferentes concepciones de la existencia humana. La lucha se lleva adelante en forma de rivalidades pacíficas y evolución social –y en forma de guerras sangrientas y revoluciones- y en forma de conquistas y aniquilación o asimilación de una cultura por otra.

Ideas Absolutas, Espíritu Absoluto, y el Final de la Historia

Si todas las interpretaciones fundamentales de la existencia humana en la historia son parciales, inadecuadas y relativas a un tiempo y cultura particular, esto implica que cuando y si llegamos a una interpretación fundamental de la existencia humana que es completa y verdadera, entonces hemos de alguna forma salido de la historia. Si la historia es la historia de la fundamental lucha ideológica, entonces la historia termina cuando todos los conflictos fundamentales han sido decididos.

En el reino abstracto, reino de los conceptos, el final de la historia llega cuando una interpretación fundamental de la existencia humana final, verdadera y que todo lo abarca es articulada. Esta interpretación, a diferencia de todas las otras anteriores a ella, no es parcial o relativa, sino Verdad Absoluta, el Concepto Absoluto. Es importante notar que la verdad Absoluta, a diferencia de todas las anteriores verdades parciales y relativas, sí logra un todo articulado; no es simplemente un horizonte cultural tácito y desarticulado; es un sistema de ideas completamente articulado que todo lo abarca.

Sin embargo, sólo porque la verdad absoluta está articulada plenamente en términos abstractos, eso no implica que exista solamente en el reino abstracto. El Concepto Absoluto es también realizado en el reino concreto. En el reino concreto, la Verdad Absoluta es realizada al final de la historia en la forma de una universal, y en todos los aspectos importantes, homogénea, civilización mundial.

Esto no quiere decir necesariamente un gobierno mundial. Distintas naciones pueden permanecer, pero siempre y cuando su existencia es fundamentalmente sin importancia. Porque en todas las cosas importantes –es decir, en todos los asuntos relacionados con la correcta interpretación de la naturaleza humana y nuestro lugar en el mundo- reina la uniformidad. Hegel llama al mundo post-histórico en el cual la Absoluta Verdad es concretamente realizada “Idea Absoluta” y “Espíritu Absoluto”.

Hegel no sostiene que Idea Absoluta y Espíritu Absoluto sean meras posibilidades, especulaciones de una mente ágil y tal vez afiebrada. Él sostiene que ya son actuales. La Verdad Absoluta se encuentra -¿dónde más?-  en los escritos de Hegel. Específicamente, se encuentra en su Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas. La Fenomenología del Espíritu es sólo una carrera preliminar a la Verdad Absoluta, probando lo que es y cómo debe ser, pero sin dar especificaciones. Y, como hemos visto, Hegel sostiene que la historia ideológica llega a su final con los ideales de la Revolución Francesa: los derechos universales del hombre; libertad, igualdad, y fraternidad; secularismo y progreso científico y tecnológico.

Los caracteres fundamentalmente científicos y tecnológicos del Espíritu/Idea Absoluto no pueden ser acentuados lo suficiente. Un pedazo particular de Idea/Espíritu equivale a un pedazo de la naturaleza, de realidad dada, transformada por el discurso y/o trabajo humano. Por lo tanto la Idea/Espíritu Absoluto equivale a la totalidad de la naturaleza transformada por el discurso y trabajo humano, es decir, por la ciencia y la tecnología.

Ahora, esto no es decir que el Espíritu Absoluto llega a ser sólo después de que el universo entero ha sido científicamente entendido y tecnológicamente apropiado y transformado, puesto que esta es una tarea infinita. Más bien, el Espíritu Absoluto llega a ser al establecer la tarea infinita de entender y transformar la naturaleza; el Espíritu Absoluto consiste de una forma de enmarcar la naturaleza como, en principio, infinitamente inteligible por la ciencia y, en principio, infinitamente maleable por la tecnología. Todas las limitaciones encontradas en el despliegue de esta tarea infinita son encontradas meramente como impedimentos temporales que pueden siempre, en principio, ser superados por una mejor ciencia y una mejor tecnología. Hegel, como todos los otros grandes filósofos de la modernidad, es un buen Baconiano.

El final de la historia no significa el final de la historia en el sentido más mundano. El diario seguirá saliendo por las mañanas, pero se parecerá más al Atlanta Journal que al New York Times: una aldea global chismosa, haciendo crónicas sobre billones de gatos en los árboles, casamientos, funerales, ventas de garaje, y salidas de iglesia, repleto de incontables cupones de pizza. Recuerden: el final de la historia significa el final de la historia ideológica. Significa que ninguna innovación tecnológica y política es posible, que ya no hay causas por las cuales vale la pena matar o morir, que nos entendemos completamente a nosotros mismos.

El final de la historia es el sueño de un tecnócrata: ahora que los parámetros básicos intelectuales y políticos de la existencia humana han sido fijados de una vez por todas, podemos vivir la vida: la tarea infinita del control y posesión de la naturaleza; el juego infinito hecho posible por una corriente infinita de nuevos juguetes.

La cuestión del Historicismo

A menudo se dice que Hegel sostiene que la naturaleza humana en sí misma es relativa a tiempos, lugares, y culturas particulares, y que mientras la historia cambia, también la naturaleza humana. Esto me suena falso. Es la naturaleza del hombre ser histórico, pero este hecho no es en sí mismo un hecho histórico. Es un hecho natural que hace posible la historia. Es natural en el sentido de que es una necesidad fija y permanente de nuestra naturaleza, la cual encuentra y une los reinos de la acción, historia, y cultura humanas. Diferentes interpretaciones de la naturaleza humana son relativas a diferentes épocas, lugares, y culturas; diferentes cosmovisiones cambian y suceden unas a las otras en el tiempo.

Verdad Absoluta = una verdadera auto-interpretación del hombre = una explicación final de la naturaleza humana. Si tal explicación no es posible, porque no existe una naturaleza humana fija, entonces Hegel nunca podría sostener que la historia llega a un final. Habrá meramente un progreso sin fin de relativas auto-interpretaciones humanas, ninguna de las cuales puede afirmar superioridad por sobre las otras, debido a que, por supuesto, no tienen nada a lo que adecuarse. Para Hegel, el hombre obtiene conocimiento de esta naturaleza a través de la historia. Pero él no gana su naturaleza misma a través de la historia.

Kojève

Hegel afirma que el final de la historia sería completamente satisfactorio para el hombre. ¿Pero lo es? Esto nos lleva a Alexandre Vladimirovich Kojevnikoff (1902-1968), conocido simplemente como “Kojève”. Kojève fue el mejor y más influyente interpretador y defensor de la filosofía de la historia de Hegel. La Introduction to the Reading of Hegel: Lectures on the Phenomenology of Spirit de Kojève tiene sus errores; tiene sus obscuridades, excentricidades, y tics.  Pero sigue siendo la introducción a Hegel más excitante, profunda y accesible existente.

Irónicamente, al afirmar a Hegel clara y radicalmente, Kojève ha empujado a Hegel al punto de quiebre, forzándonos a confrontar la cuestión: ¿es el fin de la historia de Hegel realmente el fin de la historia? Y si lo es, ¿puede realmente afirmar ser completamente satisfactorio para el hombre?

Kojève nació en Moscú en 1902 en una familia burguesa adinerada, la cual, cuando los comunistas tomaron el poder en 1917, fue sujeta a las indignidades que uno esperaría. Kojève fue reducido a vender jabón en el mercado negro. Fue arrestado y escapó –por poco- de ser asesinado. En una paradoja que ha llamado su sanidad a la duda en la mente de muchos, abandonó la prisión como un convencido comunista. En 1919, abandonó Rusia con las joyas de la familia, las cuales vendió por una pequeña fortuna en Berlín. (Podría ser llamado un comunista de limousine).

Estudió filosofía en Heidelberg con Karl Jaspers y escribió una disertación doctoral sobre Vladimir Solovieff, un filósofo y místico ruso. A finales de los 20’s se mudó a París. Su fortuna se desvaneció con la Gran Depresión, y fue reducido a circunstancias severamente duras. Afortunadamente, durante los 20’s Kojève había conocido y formado una amistad con Alexandre Koyré, un historiador de la filosofía y también emigrante Ruso, quien arregló para que Kojève se hiciera cargo de su seminario sobre la Fenomenología del Espíritu de Hegel en el École pratique des hautes études.

Kojève enseñó en este seminario de 1933 a 1939. Aunque el seminario era muy pequeño, tenía una tremenda influencia en la vida intelectual francesa, ya que sus estudiantes incluían académicos y filósofos eminentes como Jacques Lacan, Maurice Merleau-Ponty, Georges Bataille, Raymond Queneau, Raymond Aron, Gaston Fessard, y Henri Corbin. A través de sus estudiantes, Kojève influenció a Sartre, como también a la subsecuente generación de los pensadores franceses líderes, que son conocidos como “postmodernistas”, incluyendo a Foucault, Deleuze, Lyotard, y Derrida –todos los cuales sintieron necesario definir su posición de acuerdo con o en oposición al Hegel de Kojève.

Estoy convencido de que es imposible de entender la particular vehemencia con la cual muchos postmodernistas franceses abusan tales conceptos como modernidad y metafísica hasta que uno ve que estos se refieren en definitiva a la lectura de Hegel de Kojève. Y esto nos lleva a otra razón por la cual hay que leer a Hegel y Kojève: Es una herramienta ideal para entender el postmodernismo francés, una escuela de pensamiento tremendamente influyente. Efectivamente, pareciera que ahora en ciertas prensas académicas, cada tres libros hay uno que contiene “postmoderno” o alguno de sus símiles en su título.

El seminario de Kojève llegó a su fin en 1939, cuando empezó la Segunda Guerra Mundial. Durante la ocupación Alemana, Kojève se unió a la resistencia francesa. O al menos eso dijo. Después de la guerra era difícil encontrar alguien que no afirmara haberse unido a la resistencia.

Luego de la guerra, Kojève no retornó al mundo académico. En su lugar, uno de sus estudiantes de los 30’s, Robert Marjolin, le consiguió un trabajo en el Ministerio de Economía Francés, donde trabajó hasta su muerte en 1968. A través de su cargo en el ministerio, Kojève ejerció tanta influencia como De Gaulle en la creación del orden económico europeo de la post-guerra. Él fue el arquitecto del GATT y fue instrumental en establecer la Comunidad Económica Europea. También fue bastante profético en predecir las modas políticas, culturales y económicas que habrían de llegar. Por ejemplo, en los 50’s, él ya estaba seguro de que Occidente ganaría la Guerra Fría. También ofrece un profundo diagnóstico de la lógica de la obsesión cultural contemporánea con la violencia y crueldad sin sentido. Finalmente, a fines de los 50’s, vislumbró la lógica del poder japonés en ascenso. Hasta su muerte en 1968, Kojève fue el confiable consejero de un gran número de políticos franceses, la mayoría de la derecha, todo mientras desconcertaba a sus amigos manteniendo que él era todavía un ardiente estalinista. Incluso compró una casa en el Boulevard Stalingrad.

Kojève estaba plenamente convencido de que la historia había llegado a su final en 1806 con la batalla de Jena. En consecuencia, él sostenía que ningún evento fundamental de importancia histórica había ocurrido desde entonces: no la primera guerra mundial, ni la segunda, tampoco las revoluciones chinas y rusas. Todas estas fueron, a los ojos de Kojève, simplemente pequeñas riñas sobre la implementación de los principios de la Revolución Francesa. Incluso los nazis eran vistos por Kojève como simplemente el modo de la historia de llevar la democracia a la Alemania Imperial.

Sin embargo, Kojève no estaba convencido de que el final de la historia significaría la completa satisfacción del hombre. De hecho, él enseño que traería la abolición de la humanidad. Esto no significa que Kojève pensó que los humanos se extinguirían. Él simplemente pensó que lo que nos hace humanos, en oposición a los contentos animales, sería abolido al final de la historia.

Kojève sostuvo que era la capacidad de entrar en combate a causa de interpretaciones fundamentales de la existencia humana – la lucha por el auto-entendimiento- lo que nos separa de las bestias. Una vez que esta lucha acaba, aquello que nos separaba de las bestias desaparece. El final de la historia satisfaría nuestras naturalezas animales, nuestros deseos, pero no ofrecería algo que satisfaga nuestros deseos humanos particulares.

No obstante, Kojève no sostiene que todos sean reducidos a bestias al final de la historia. Tradicionalmente, los seres humanos se han considerado a sí mismos como ocupando el espacio entre las bestias y dioses en el tótem. Cuando uno pierde su humanidad, puede hacerlo volviéndose una bestia o volviéndose un dios.

Kojève sostenía que la mayoría de los seres humanos al final de la historia serían reducidos a bestias. Pero algunos se volverían dioses. ¿Cómo? Al volverse sabios. Al final de la historia, la correcta y final interpretación de la existencia humana, la Verdad Absoluta, ha sido articulada como un sistema de ciencia por el mismo Hegel. Este sistema es la sabiduría que la filosofía ha buscado por más de 2000 años.

La filosofía es la búsqueda de la sabiduría, no la posesión de la misma. Hegel, al poseer la sabiduría, no es más un filósofo; Hegel es un hombre sabio. Al poner el punto final en la historia, Hegel también termina con la filosofía.

Un dios post-histórico toma distancia crítica del final de la historia. Él no vive una vida post-histórica. Trata de entenderla: cómo llegamos aquí, que es lo que está pasando, y hacia dónde vamos – todas cosas que podemos aprender de Hegel y Kojève. Si la deshumanización es nuestro destino, al menos podemos intentar volvernos dioses, lo cual es razón suficiente para leer a Hegel.

 

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