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Nueva Derecha contra Vieja Derecha

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Traducción por Synchronistic Child

English original here

¿Qué tiene de “nuevo” la Nueva Derecha Norteamericana, y cómo se relaciona con la “vieja derecha”

Para responder la pregunta adecuadamente, antes que nada necesito aclarar lo que la Vieja Derecha y la Nueva Derecha tienen en común y las diferencia de la falsa derecha de hoy en día, es decir, de los partidos de centro derecha actuales y del liberalismo clásico en todas sus variantes.

La verdadera Derecha, tanto en su versión Vieja como Nueva, se fundamenta en el rechazo a la igualdad humana como hecho y como norma. La verdadera Derecha abraza la idea de que la humanidad es y debe ser desigual, es decir, diferenciada. Los hombres son diferentes de las mujeres, los adultos de los niños, los sabios de los tontos, los inteligentes de los estúpidos, los fuertes de los débiles, los bellos de los feos. Nos diferencia la raza, la historia, el lenguaje, la religión, la nación, la tribu y la cultura. Estas diferencias importan, y dado que importan, todas las facetas de la vida están gobernadas por jerarquías reales en los hechos y en los valores, no por la quimera de la igualdad.

La verdadera Derecha rechaza la idea de la igualdad de manera verdaderamente radical.

La verdadera Derecha contiene tres especies: la sociedad tradicional, la Vieja Derecha y la Nueva Derecha.

Toda sociedad tradicional que haya conocido el hombre ha sido desigual. Todas las formas de sociedad tradicional han sido destruidas, o están en proceso de ser destruidas por la sociedad de masas moderna e igualitaria.

Para lo que nos concierne, la Vieja Derecha significa fascismo, nacionalsocialismo y otros movimientos nacional-populistas que son los principales intentos de restaurar sociedades jerárquicas tradicionales en el contexto de la modernidad. El fascismo y el nacionalsocialismo no fueron simplemente resistencias de retaguardias reaccionarias frente al igualitarismo moderno por partisanos de jerarquías corruptas. Representaron un ímpetu genuinamente revolucionario de restaurar valores jerárquicos, arcaicos, vitales, en el contexto de la ciencia moderna, la tecnología y la sociedad de masas.

La Nueva Derecha y La Vieja Derecha comparten el mismo objetivo: una sociedad que no es solo jerárquica sino también orgánica, un cuerpo político, un pueblo cultural y racialmente homogéneo, un pueblo que es uno en sangre y espíritu, un pueblo políticamente organizado y soberano, y por lo tanto en control de su destino.

Nuestro ideal es una sociedad jerárquica libre de explotación e injusticia porque la única justificación de la desigualdad política es el bien común del cuerpo político, no el privilegio faccionario del estrato dirigente.

Entonces, ¿cómo difiere la Nueva Derecha del fascismo y el nacionalsocialismo? Esta es una cuestión de suma importancia debido a los intensos estigmas que pesan sobre estos movimientos desde la Segunda Guerra Mundial. La Nueva Derecha Norteamericana, al igual que la Nueva Derecha Europea, está fundamentada en el rechazo de la política de partidos, el totalitarismo, el terrorismo, el imperialismo y el genocidio del fascismo y el nacionalsocialismo.

La Nueva Derecha Norteamericana es un movimiento nuevo. No contamos con ningún pensador del calibre de Alain de Benoist, Guillaume Faye y muchos otros. Estamos enormemente endeudados por lo mucho que hemos aprovechado las décadas de trabajo de gente como ellos. Pero debido a que Estados Unidos y Europa son diferentes, nuestro enfoque también es diferente en tres sentidos importantes.

Primero, debido a la mezcla de las poblaciones europeas en Norteamérica y al concomitante desgaste de las identidades nacionales europeas concretas, nos vemos obligados a enfatizar las raíces más profundas de la identidad común europea, entre ellas la identidad racial.

Segundo, debido al protagonismo de la comunidad judía organizada en la ingeniería de la destrucción de los pueblos europeos, y debido a que hoy en día Estados Unidos es la ciudadela del poder judío en el mundo, la Nueva Derecha Norteamericana debe lidiar directamente con la cuestión judía.

Tercero, la Nueva Derecha Norteamericana lleva a cabo una interacción crítica mucho más franca y directa con el fascismo y el nacionalsocialismo. La Nueva Derecha Europea tiende a centrarse en los márgenes del entorno nacionalsocialista y fascista, lo que ha producido enormes dividendos intelectuales, particularmente con el estudio del movimiento Revolucionario Conservador. La Nueva Derecha Norteamericana, sin embargo, aprovecha plenamente las protecciones de nuestra Primera Enmienda. Pero nuestra disposición a aventurarnos por caminos peligrosos hace necesario aclarar muy precisamente nuestra relación con la Vieja Derecha.

De nuevo: la Nueva Derecha Norteamericana se basa en el rechazo de la política de partidos, el totalitarismo, el terrorismo, el imperialismo y el genocidio del fascismo y el nacionalsocialismo.

Creemos que la diversidad racial y cultural dentro de la misma sociedad conduce inevitablemente al odio y la violencia, y que el nacionalismo es la solución práctica definitiva para asegurar la paz entre los pueblos.

Creemos que todos los pueblos deberían tener patrias soberanas donde puedan vivir bajo sus propios criterios, libres de la interferencia de otros pueblos.

Creemos que un mundo así puede lograrse a través de programas de partición territorial y transferencia poblacional graduales y respetuosos de los derechos humanos.

Creemos que estos objetivos pueden cumplirse cambiando la conciencia de la gente, es decir, convenciendo a suficientes personas en posiciones influyentes de que a todos nos interesa la implementación del etnonacionalismo.

La promoción del cambio político a través de la transformación de la conciencia y la cultura es lo que llamamos metapolítica.

La metapolítica se refiere a lo que debe venir antes de la fundación de un nuevo orden político. La metapolítica se desglosa en dos actividades básicas. En primer lugar está la educación: la articulación y comunicación de formas de Nacionalismo Blanco a la medida de los intereses y perspectivas de la gama completa de electorados blancos. Esto va más allá de la teorización desde torres de marfil para abarcar la expresión artística, la discusión de temas de actualidad cultural y política y toda la gama de medios a través de los cuales son comunicados. En segundo lugar está la organización de la comunidad, entendida como el cultivo de comunidades en el mundo real que viven según nuestra visión en el presente y que pueden servir como semillas de un Nuevo Orden por venir.

El proyecto metapolítico primario de la Nueva Derecha Norteamericana es desafiar y reemplazar la hegemonía de las ideas denostadoras de la gente blanca a lo largo y ancho de nuestra cultura y sistema político. Absolutamente todas las corrientes políticas y culturales establecidas, incluyendo todas las tonalidades del espectro político “respetable”, demonizan la conciencia racial y la autoafirmación de la gente blanca.

Nuestro objetivo es criticar y destruir ese consenso e implantar la hegemonía de la autoafirmación y la conciencia racial de la gente blanca, de manera que defender los intereses de la gente blanca sea la prioridad independientemente de qué partido político se haga con el poder. Nuestro objetivo es una sociedad blanca pluralista en la que exista el desacuerdo y el debate sobre una amplia gama de temas. Pero la supervivencia de la gente blanca no será uno de esos temas.

Hay analogías sistemáticas entre la Vieja Derecha y la Vieja Izquierda, y entre la Nueva Derecha y la Nueva Izquierda.

La Vieja Derecha y la Vieja Izquierda tenían objetivos diametralmente opuestos, pero trataban de alcanzarlos por los mismos medios: partidos políticos jerárquicos e ideologizados, organizados tanto para la lucha electoral como la lucha armada; estados policiales de partido único dirigidos por dictadores; la eliminación de la oposición a través de la censura, el encarcelamiento, el terror y el asesinato a mansalva, a veces a una escala industrial verdaderamente sobrecogedora.

Sí, en el caso del nacionalsocialismo clásico, los revisionistas sostienen que muchas de estas atrocidades han sido exageradas o que son simplemente el producto de fabricaciones mentirosas. Pero el revisionismo de la Segunda Guerra Mundial es irrelevante porque lo cierto es que el impulso imperialista, terrorista y genocida del nacionalsocialismo sigue vivo hoy en día. Por ejemplo, el nacionalsocialista tardío William Pierce siempre desdeñaba el holocausto. Pero estaba dispuesto a tolerar el terrorismo, el imperialismo y el genocidio reales a una escala mucho mayor que cualquier atrocidad que haya ocurrido en el siglo XX. Ese espíritu es lo que rechazamos.

Sí, ha habido totalitarismo en mayor o menor medida. La abolición comunista de la propiedad privada conllevó trastornos e invasiones mucho más intensas de la vida privada que las políticas del fascismo o el nacionalsocialismo. Estas últimas meramente pretendían armonizar la propiedad y la empresa privadas con el bien común cada vez entrasen en conflicto. Afortunadamente, el totalitarismo duro, incluso en la más blanda de sus versiones, no es ni deseable ni necesario para garantizar la existencia de nuestro pueblo, por lo que lo rechazamos.

Es instructivo entender cómo la Nueva Izquierda ha manejado las perturbadoras atrocidades de la Vieja Izquierda. Los mejores Nuevos Izquierdistas no las niegan. No las minimizan. No ponen sus esperanzas en un “revisionismo del Gulag” o en rehabilitar la reputación del Pol Pot. Simplemente se limitan a repudiar las atrocidades. Saltan tranquilamente sobre el obstáculo y siguen cabalgando hacia sus objetivos.

Eso es exactamente lo que proponemos hacer. Estamos demasiado ocupados resistiendo el genocidio de nuestro propio pueblo para desgastarnos defendiendo los errores y excesos de la Vieja Derecha. Sencillamente no son nuestro problema. Tomando prestada una frase de Jonathan Bowden, “hemos saltado sobre ese obstáculo”. Nuestros enemigos lo siguen interponiendo en nuestro camino y nosotros nos lo seguimos saltando por encima.

La Nueva Izquierda retuvo los valores y metas finales de la Vieja Izquierda. También mantuvieron elementos de su marco filosófico. Luego se dedicaron a difundir sus ideas a través de la cultura por medio de la propaganda y la subversión institucional. Y ganaron. Aparte de Cuba y Corea del Norte, el comunismo ortodoxo está muerto. El capitalismo parece triunfante en todos lados. Sin embargo, los valores izquierdistas son completamente hegemónicos en el ámbito de la cultura. La Izquierda perdió la Guerra Fría, pero ganó la paz.

(Dado que en Occidente tanto la Vieja como la Nueva Izquierda funcionaban principalmente como un vehículo para intereses étnicos judíos, sería más preciso decir que los valores judíos son hegemónicos a lo largo y ancho de la cultura, incluso en la Derecha convencional).

La Nueva Izquierda y la Nueva Derecha tienen objetivos diametralmente opuestos pero medios muy similares, a saber, la búsqueda del cambio político a través de la transformación de las ideas y la cultura, teniendo como objetivo el establecimiento de la hegemonía intelectual y cultural.

La Nueva Derecha rechaza el totalitarismo, el imperialismo, el terrorismo y el genocidio de la Vieja Derecha.

Pero no rechazamos su modelo político: una sociedad étnica y culturalmente homogénea y organizada jerárquicamente. Queremos un mundo en el cual todos y cada uno de los distintos pueblos, incluso los judíos, tenga una patria fundamentada en ese modelo.

Tampoco rechazamos los marcos teóricos del fascismo y el nacionalsocialismo, que hoy en día son más relevantes y respaldados por la ciencia y la historia que nunca.

Tampoco rechazamos a personajes como Hitler y Mussolini. La objetividad requiere que reconozcamos tanto sus virtudes como sus defectos. Tenemos mucho que aprender de ellos. Nunca repudiaremos a la gente blanca altamente conciente simplemente para congraciarnos con la burguesía.

He recibido algunos codazos, unos suaves, otros no tan suaves, por incluir los natalicios de Hitler y Mussolini entre los que conmemoramos por dar la impresión de que aprobamos el culto a la personalidad totalitario. Pero como editor he observado que los natalicios son ocasiones recurrentes ideales que para discutir sobre personajes importantes. También producen picos de tráfico que queremos capturar en los motores de búsqueda. Además, conmemoramos muchos natalicios y sería cobarde discutir sobre gente como Ezra Pound o Knut Hamsun pero ignorar a los personajes a los que seguían y por lo cual terminaron en la cárcel. Así que seguiremos conmemorando sus natalicios hasta que, a la larga, los conmemore todo el mundo.

Una de las principales razones por las que de la Nueva Izquierda decidió pasar de la lucha política a la cultural fue su decepción con el proletariado, que fue tan efectivamente movilizado por el fascismo, el nacionalsocialismo y, ni que decir tiene, por los regímenes centristas de la era de la Guerra Fría.

La Nueva Izquierda creyó que representaba los intereses de los trabajadores, pero su enfoque fue completamente elitista. Centraron su atención en influir en las clases medias universitarias y profesionales, porque esas clases tienen una influencia desproporcionada sobre el resto de la sociedad, particularmente a través de la educación, los medios de comunicación y la cultura popular.

Asimismo, la Nueva Derecha representa los intereses de todas las gentes blancas, pero como de lo que se trata es de lograr el cambio social, tenemos que adoptar una estrategia fírmemente elitista. Tenemos que reconocer que cultural y políticamente hablando, algunos blancos importan más que otros. Las masas no hacen historia. La historia está hecha de las masas. La historia la hacen las élites moldeando a las masas. Por lo tanto, tenemos que dirigir nuestro mensaje a las clases medias urbanas educadas y profesionales. Y de allí hacia arriba.

No escasean los grupos al estilo de la Vieja Derecha con mensajes populistas dirigidos a los electorados obreros y rurales. Pero si queremos ganar, tenemos que ir más allá de ellos.

¿En nombre de quién estoy hablando aquí? Cuando digo “nosotros” estoy hablando por muchos más que por mí mismo, pero no por todos o incluso por la mayoría de nuestros escritores o lectores. No hay ninguna presunción de que cada autor aquí publicado apruebe nuestra agenda, del todo o en esencia. (De hecho, muchos de ellos están muertos). Ni tampoco hay ninguna presunción de que ningún autor esté de acuerdo con cualquier otro publicado aquí. El ser publicado aquí implica, sin embargo, que yo como editor en jefe, pienso que tal trabajo avanza nuestra agenda de forma directa o indirecta: directamente al articular un punto de vista que yo respaldaría por considerarlo verdadero; indirectamente al ayudarnos a construir un movimiento intelectualmente estimulante.

Y la Nueva Derecha Norteamericana es un movimiento intelectual, no una doctrina fija. Los objetivos son fijos. La estrategia básica intelectual es fija. Pero todo lo demás está en movimiento: generalmente hacia nuestras metas, pero a veces simplemente girando alrededor de la pista de baile por el mero goce de hacerlo (con lo cual, de manera más sutil, también se mueve hacia nuestras metas).

Hay una amplia gama de tradiciones intelectuales diferentes y a menudo incompatibles dentro de la Nueva Derecha. Tenemos seguidores del Tradicionalismo de Julius Evola y René Guénon así como de otros pensadores que enfatizan una metafísica de la forma eterna. Tenemos seguidores de filósofos no-Tradicionalistas, orientados a la lógica del flujo y a la historia como Nietzsche, Spengler y Heidegger. Tenemos creyentes en el declive y creyentes en el progresismo prometeico. Tenemos biólogos darwinistas y materialistas científicos confrontados a metafísicos dualistas. Tenemos ateos y tenemos representantes de todas las escuelas religiosas; cristianas y paganas, orientales y occidentales.

Necesitamos este tipo de diversidad porque nuestra meta es fomentar versiones de Nacionalismo Blanco a la medida de todos los electorados blancos existentes. Contener multitudes nos permite hablarle a las multitudes.

¿Cómo se relaciona la Nueva Derecha Norteamericana con los grupos al estilo de la Vieja Derecha en Norteamérica y alrededor del mundo? ¿Y cómo nos relacionamos con los distintos partidos nacionalistas democráticos en América y Europa? Alex Kurtagic ha sostenido recientemente que la política democrática partidista puede realizar las funciones metapolíticas de educación y organización comunitaria, por lo que no hay ninguna contradicción fundamental entre la política de partidos y la metapolítica. Si bien es cierto que las campañas políticas implican educación y organización comunitaria, estas actividades son meros subproductos de la carrera por ocupar cargos. Y ello significa que todos esos esfuerzos educativos y organizativos estarán dominados por el ciclo electoral y las cuestiones políticas cotidianas.

Nada de esto está mal si lo que uno busca realmente es ocupar un cargo. Pero más allá de los sistemas de representación proporcional, buscar cargos públicos es bastante inútil. Así que si el objetivo real de uno es la educación y la organización, las campañas políticas no son más que una distracción. Si esto es así, ¿por qué no dedicar toda la energía a esfuerzos educativos y organizativos, y a determinar la agenda nosotros mismos, en lugar de dejar que la política electoral la determine por nosotros?

¿Por qué no tomar todo el dinero gastado en actividades puramente políticas (campañas de inscripción de votantes, viajes de campaña, literatura de campaña) y canalizarla hacia la educación y la organización?

David Duke, por ejemplo, ha estado haciendo un trabajo enormemente importante con sus escritos, discursos y vídeos. La mayor parte de ese trabajo se detendría si se le ocurriera lanzar otra inútil y costosa carrera por un puesto político.

Intelectualmente, tenemos que trazar una línea nítida y clara entre la metapolítica de la Nueva Derecha y todas las formas de políticas de partido nacionalistas. Compartimos los mismos objetivos generales, pero diferimos sobre la mejor manera de alcanzarlos. Tenemos que reconocer estas diferencias francamente, y luego dividir el terreno y perseguir nuestros objetivos comunes por los variados caminos que nos parezcan más adecuados.

No quiero gastar tiempo criticando y atacando a otros sinceros defensores de la gente blanca, compitiendo por seguidores y cuotas de poder y riñendo por nimiedades. Al final, el único argumento válido a favor o en contra de un enfoque determinado se reduce a sus resultados. Yo quiero ganar apoyo haciendo un buen trabajo, no denigrando el trabajo de otros.

Aunque uno puede trazar una clara línea intelectual entre la metapolítica de la Nueva Derecha y la política de partidos nacionalista, no hay muro que nos separe en el mundo real. La Nueva Derecha Norteamericana no es un partido político ni una secta intelectual paratidista. Somos una red informal que puede penetrar y solaparse con todas las instituciones sociales, incluidos los partidos. Yo mantengo contacto con personas de todo el mundo que participan en diversos partidos políticos. Ellos saben cuál es mi posición. Y en lo que no estamos de acuerdo, respetamos nuestro desacuerdo.

Sin embargo, personalmente me gustaría que se pudiese levantar un muro en algunos casos, porque si solo hay seis grados de separación social entre Barack Obama y yo, hay muchos menos grados de separación entre yo y el próximo Anders Behring Breivik. Y eso es demasiado cerca para mi gusto. No quiero tener nada que ver con ejércitos pistoleros de un solo hombre. La única arma que me gustaría tener es una hecha de porcelana.

La verdad es que yo realmente creo que lo que estoy haciendo es correcto e importante. Demasiado correcto e importante para exponerlo al riesgo de hombres adultos vestidos de Caballeros Templarios o soldados de asalto jugando con armas reales. No tengo nada contra las armas o los propietarios de armas como tales. Pero el modelo de la Vieja Derecha atrae a gente inestable, propensa a la violencia, que solo logra hacer nuestro trabajo más difícil.

Pero ya que no puedo construir un movimiento, incluso un movimiento metapolítico, siendo un ermitaño, lo mejor que puedo hacer es trazar líneas claras de demarcación intelectual: de nuevo, la Nueva Derecha Norteamericana se fundamenta en el rechazo de la política de partidos, el totalitarismo, el terrorismo, el imperialismo y el genocidio del fascismo y el nacionalsocialismo.

(Breivik es un caso complejo porque surgió del movimiento Contra-Yihad, una falsa oposición a la colonización islámica de Europa controlada por judíos. Pero aun así compartimos sus preocupaciones básicas y su meta de Europa para los europeos, aunque rechazamos sus acciones y gran parte de su marco analítico).

Los cínicos han acusado a la Nueva Izquierda de no ser más que una deshonesta jugarreta de mercadeo. Por supuesto, no tiene sentido intentar convencer a los cínicos, que saben a priori que la verdad es siempre más sórdida de lo que parece. Pero el hecho es que la Nueva Izquierda cumplió sus promesas: un marxismo sin totalitarismo, sin terror, sin campos de concentración.

Obviamente todos sabemos que el régimen actual es una forma de totalitarismo blando que promulga el genocidio en cámara lenta de la raza blanca. Pero el punto es que este régimen no fue impuesto a nuestro pueblo a través de una revolución violenta. Lo aceptaron debido a la transformación de su conciencia. Y pueden ser salvados de la misma manera.

 

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