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Forzados a ser Libres:
El caso del Paternalismo

Rousseau [1]649 words

English original here [2]

Paternalismo significa tratar a la gente como niños. Los niños carecen de madurez y sabiduría para tomar sus propias decisiones. Por lo tanto necesitan padres – o gente que ejerza el rol paternal – que les diga que hacer y, en ocasiones, forzarlos a hacerlo.

La mayoría de la gente no tiene problema con el paternalismo cuando trata con niños, tanto como con retardados, seniles o insanos. Pero los adultos normales se recienten frente al paternalismo, incluso cuando todos de vez en cuando actuamos como niños. El paternalismo, ellos piensan, es incompatible con la libertad.

Quiero argumentar, sin embargo, que no hay conflicto real entre el paternalismo y la libertad, entendiendo claramente los términos, por supuesto.

Primero antes que nada, el paternalismo real tiene que ser “por tu propio bien”, es decir, en los intereses actuales de su objeto. La gente puede afirmar que reduce la libertad de los otros al ayudarlos, cuando en realidad ellos están preocupados en beneficiarse a sí mismos. Pero ese es un paternalismo falso más que real. El paternalismo real debe ser en el interés de sus objetos.  El paternalismo real es bondad. El paternalismo falso es un crimen.

Segundo, hay verdaderas y falsas formas de verdad. La mayoría de la gente estará de acuerdo que la libertad es hacer lo que queres hacer. ¿Pero qué queremos hacer? En este asunto, yo sigo a Platón y Aristóteles, quienes argumentaron que todos queremos básicamente una cosa: la buena vida, felicidad, auto-realización, o bienestar (eudaimonia). Ese es el objetivo último de cada acción particular. Cada elección, ya sea que lo sepamos o no, está tomada en relación a la persecución de la buena vida como la vemos.

Por lo tanto la libertad es hacer lo que queremos hacer, y todos queremos realmente una buena vida, entonces vivir una buena vida es libertad. Esto implica que si elegimos hacer las cosas que no nos conducen a la buena vida, no estamos actuando con libertad, puesto que hacer las cosas que no queremos es falta de libertad.

En otras palabras, no todo acto voluntario es un acto libre. Somos libres cuando perseguimos la buena vida (lo que realmente queremos). No somos libres cuando fallamos en la persecución de la buena vida (lo que realmente no queremos hacer).

Hay dos causas básicas de falta de libertad. Primero, la ignorancia de lo que realmente es conductor hacia la felicidad. Podemos pensar que fumar 20 cigarrillos por día nos hace felices, pero no lo hace. Segundo, hay ocasiones en las cuales sabemos perfectamente que lo que nos hace feliz pero fallamos en hacerlo porque nos vemos superados por nuestras emociones. Tememos hacer las cosas correctas, o encontramos que hacer las cosas mal como algo demasiado placentero para resistir.

Podemos elegir actuar por ignorancia o pasión. Podemos incluso sentirnos libres cuando lo hacemos. Pero si tales acciones no son conductivas a la buena vida, entonces no son libres, ellas son una forma de esclavitud. El paternalismo, por lo tanto, puede restaurar la libertad al forzarnos a frenar en nuestra pérdida de tiempo por culpa de la ignorancia o la pasión. Debido a que la libertad es hacer lo que realmente queremos hacer, y podemos ser forzados a ese camino, el hombre puede ser forzado a ser libre, como Jean-Jaques Rousseau lo puso tan memorablemente.

Esto significa que el libertarianismo, el cual afirma que la libertad es incompatible con el paternalismo, y que la fuerza es siempre lo opuesto a la libertad, está claramente equivocado. Si realmente te importa la libertad, entonces el estado debería, en principio, tener el poder paternalista de intervenir cuando la gente está tirando su libertad por falta de conocimiento o excesos de sentimientos. Uno puede debatir los cimientos y la distancia de tales intervenciones. Pero el principio es claro: el paternalismo no es el enemigo de la verdadera libertad sino uno de sus guardianes necesarios.