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El odio nacido en el Sinaí:
Moisés el Egipcio de Jan Assmann

moises2,684 words

English original here

Jan Assmann
Moises el Egipcio
Translated by Javier Alonso López
Madrid: Oberon, 2003

Cuando leí por primera vez Moisés el Egipcio de Jan Assmann en Junio de 1997, fue una experiencia que cambió mi vida. Moisés el Egipcio pertenece al género más raro de los libros académicos: los audaces y excitantes. Aunque él es un cuidadoso, riguroso y altamente especializado investigador, Assmann oscila sobre todo el pensamiento Occidental e incluso llega hacia lo eterno, todo en orden de iluminar la gran herida de la historia Occidental: el surgimiento del monoteísmo Bíblico.

Ahora profesor emérito de Egiptología de la Universidad de Heidelberg, Assmann es uno de los Egiptólogos líderes de mitad de siglo pasado. Tarde en su carrera, empezando con Moisés el Egipcio, Assmann comenzó a publicar una serie de libros explorando las raíces comunes y poco conocidas de las conexiones de dos tradiciones que vienen desde el Antiguo Egipto al presente. El monoteísmo bíblico y el panteísmo o “cosmoteísmo” egipcio.

(Los otros trabajos relevantes del autor son The Price of Monotheism [Stanford: Stanford University Press, 2010], Of God and Gods: Egypt, Israel, and the Rise of Monotheism [Madison: University of Wisconsin Press, 2008], Religio Duplex: How the Enlightenment Reinvented Egyptian Religion [Cambridge, U.K.: Polity Press, 2014], y el próximo a salir From Akhenaten to Moses: Ancient Egypt and Religious Change [Cairo: The American University in Cairo Press, 2014]. Espero reseñarlos a su debido tiempo.)

Los egiptólogos modernos tienden desechar los informes del Antiguo Egipto de la antigüedad tardia, el Renacimiento, y el Iluminismo, debido a que ellos no estaban basados en el entendimiento del Antiguo Lenguaje Egipcio, que fue perdido en la antigüedad y recuperado solo después de que Jean-Francois Champollion publicara su desciframiento de la Piedra Rosetta en 1822. De acuerdo a esta rechazada tradición, la sabiduría “esotérica” de los Antiguos Egipcios es que detrás de todos los dioses y criaturas, hay un dios escondido que se manifiesta a sí mismo como todo el mundo de la pluralidad – dioses, mortales, y todos los otros seres – ocupando el mundo como el alma ocupa el cuerpo. Dios es entonces inmanente en naturaleza y también “uno y todo” (hen kai pan). Assmann llama esta forma de panteísmo “cosmoteísmo”. (No se confundan con el cosmoteísmo de Willian Pierce, aunque hay algunas apreciaciones doctrinales son parecidas).

Las ideas cosmoteístas aperecen en el Corpus Hermeticum en la antigüedad tardía, que regresó a Europa desde Bizancio en el Siglo XV (junto a los escritos de Platón) y ayudó iniciar al Renacimiento. En los Siglos XVII y XVIII el cosmoteísmo se vio asociado con el panteísmo de Baruch Spinoza como también con el deísmo y la Masonería.

El Hermetismo jugó un rol importante en la liberación de la mente europea del cristianismo, dado que se presentaba a sí misma como sabiduría tradicional egipcia de los tiempos anteriores a Moisés, por lo tanto proveyendo de un parámetro de referencia más antiguo que la Biblia. Era importante para la tradición Hermética ser más antigua que la Biblia, dado que era imposible rechazar el cristianismo, pero se esperaba que al ser subsumida dentro de una tradición más grande, sería posible desengancharse lejos de la persecución e intolerancia religiosa. Esto fue, por supuesto, intentado por los antiguos politeístas también, pero sin éxito.

Aunque los textos del Corpus Hermeticum fueron escritos en Griego y Latín y datan del siglo II y III de la Era Común, Assmann argumenta que las ideas nucleares del Corpus Hermeticum y la sabiduría popular sobre el Antiguo Egipto eran de hecho consistentes con las fuentes Egipcias genuinas que son mucho más antiguas que los tiempos de Moisés, significando que hubo una tradición genuina transmitida ininterrumpidamente a los Antiguos Griegos y Romanos y a través de ellos al mundo moderno.

(Para mas sobre el hermetismo, ver Garth Fowden, The Egyptian Hermes: A Historical Approach to the Late Pagan Mind [Princeton: Princeton University Press, 1993], Frances A. Yates, Giordano Bruno and the Hermetic Tradition [Chicago: University of Chicago Press, 1964], y Florian Ebeling, The Secret History of Hermes Trismegistus: Hermeticism from Ancient to Modern Times [Ithaca, N.Y.: Cornell University Press, 2007].)

Assmann también conecta el monoteísmo bíblico fundado por Moisés a mediados del siglo XIV antes de la Era Común con el faraón herético Akhnaton a través de tradiciones grecorromanas y egipcias poco conocidas que dan una versión Egipcia de la historia del éxodo.  Estas tradiciones son bastante interesantes, pero ellas no establecen una conexión directa entre Moisés y Akhnaton.

Extrañamente, aunque, Assmann lo menciona al pasar pero no explota los hace tiempo conocidos e importantes paralelos entre los Himnos al Sol de Akhnaton y el Salmo 104. Dado que los Himnos de Akhnaton son al menos 500 años más antiguos que el Salmo 104, y dado que la memoria de Akhnaton fue más o menos obliterada en Egipto al poco tiempo de su muerte, y debido a que no hay evidencia de una tercer fuente común de ambos textos, la conclusión razonable es que había una tradición directa entre Akhnaton y la Biblia. (Dado que sólo dos textos religiosos de Akhnaton han sobrevivido, es siempre posible que otros textos Bíblicos también incorporen trabajos perdidos del faraón hereje.  Assmann marca otra instancia de sabiduría egipcia incorporada en la Biblia).

Hay mucho más que sólo paralelos textuales entre el monoteísmo de Akhnaton y la versión Bíblica. También hay similitudes doctrinales. Ambos monoteísmos están sostenidos en la negación del politeísmo egipcio. Es más, ambos monoteísmos se declarar a sí mismos las únicas verdaderas religiones y condenan las otras religiones como simplemente falsas. Finalmente, ambos monoteísmos no están contentos con el simple hecho de declarar las otras religiones como falsas. Ellos buscan destruirlas cerrando templos, desacralizando imágenes, destruyendo escritos, y persiguiendo creyentes.

Uno de los conceptos más interesantes de Assmann es “contra-religión”. El sostiene que ambos monoteísmos emergieron como contra-religiones del politeísmo egipcio. De hecho, todas las nuevas religiones, o movimientos reformistas dentro de las religiones, se definen a sí mismos en oposición a aquello que estaba antes de ellos. Sin embargo, en el caso del monoteísmo judío, la contra-religión tomó la forma de lo que Assmann llama “inversión normativa”, queriendo decir que los judíos arribaron a su concepto de lo sagrado simplemente invirtiendo y profanando lo que los Egipcios consideraban como sagrado. Por ejemplo, dado que los egipcios consideraban al toro y al carnero animales sagrados, la ley judía prescribe que deben ser sacrificados.

Aunque asma no llega a esta conclusión, su argumento soporta la idea de que la “revolución de esclavos en la moral” que Nietzsche vio en la raíz de la moral cristiana va hacia atrás a la creación del judaísmo en el Monte Sinaí. Judaísmo, en pocas palabras, es una religión tanto como el Satanismo de Anton LaVey. Ambas son contra-religiones, odiosas inversiones – parodias “Satánicas” – de otras religiones o contra religiones.

El Talmud babilónico (Sabbat 89ª) afirma que el Sinaí recibió su nombre porque es el lugar de donde el odio (sin’ah) desciende sobre el mundo. Esta es una precisa descripción del motivo original del judaísmo y sus consecuencias históricas al día de hoy. (Naturalmente el Talmud invierte esta verdad con el viejo embuste de que el odio viene de los goyims que son celosos de los elegidos). (Ver The Price of Monotheism, p.21.)

Otro de los conceptos clave de Assmann es la “Distinción Mosaica”, que traza una línea entre las verdaderas y falsas religiones, que se aplica tanto a Akhnaton como a Moisés. Ambos afirmaban que sus religiones eran las únicas verdaderas y que todas las otras, por lo tanto, eran falsas. Pero ellos no sólo despachaban las otras religiones como falsas. Demandaban que sean odiadas, perseguidas y destruidas como rivales, parodias o perversiones de la única y verdadera fe. Con la distinción mosaica la proclamación de la verdad exclusiva hace surgir la intolerancia y violencia religiosa. (La distinción obtiene su nombre en base a Moisés y no Akhnaton porque el segundo fue olvidado por más de 3000 años, mientras que Moisés fue reconocido como el fundador de la tradición monoteísta que está viva y haciendo poco bien hasta el día de hoy).

Los politeístas antiguos, en contraste, no estaban amenazados por la existencia de otras religiones. Cuando enfrentados con dioses, mitos y rituales diferentes de los suyos, ellos no concluían que, como la verdad es una, todas las otras religiones son falsas. En lugar, ellos inferían la existencia de de una realidad divina común que se manifestaba a sí misma en una pluralidad de diferentes aspectos. Por lo tanto concluían que en la pregunta esencial de rendirle honor a la realidad de la divinidad, todas las religiones son la misma, y por lo tanto, deben ser tratadas con respeto. Y debido a que la diferencia entre nombres divinos, imágenes, mitos y ritos no interfiere con la función esencial religiosa, no son impedimentos para la verdad sino más bien, las formas en las cuales lo divino se manifiesta a sí mismos en pueblos diferentes. Por lo tanto la diversidad religiosa no es algo que deba ser sufrido y tolerado sino abrazado y disfrutado.

El politeísmo antiguo no promovía sólo la tolerancia religiosa. También ayudo a promover la paz entre las naciones en una era de constante guerra y derramamiento de sangre. La idea de un orden divino universal servía como fundamento para la ley internacional y paz entre las naciones. Hombres de diferentes naciones podían firmar contratos y tratados al reconocer que los diferentes dioses nombraban al mismo orden divino que estaba  unido a todos ellos. De acuerdo a Assman, esta idea de mutua “traducibilidad” de diferentes panteones esta atestiguada por las tablas de correspondencia mesopotámicas del segundo milenio antes de la Era Común.

En otro texto, hablaré del desarrollo de Assmann de estos temas en Moisés el Egipcio desde la antigüedad a través de los siglos XVII y XVIII hasta el Moisés y el Monoteísmo de Freud. Aquí quiero discutir la importancia de Assmann para el Tradicionalismo y la Nueva Derecha.

El cosmoteísmo pagano – la idea que detrás de la pluralidad de diferentes religiones hay un solo orden divino que se manifiesta a sí mismo de diferentes maneras – es la raíz de la idea Tradicionalista de la “Unidad Trascendente de las Religiones”. Para afirmarlo audazmente, lo que los Tradicionalistas llaman la única Tradición solo es cosmoteísmo pagano, que recibe su articulación más temprana en el Antiguo Egipto,  Junto a esta tradición de “Filosofía Perenne” está la tradición mística perenne, el núcleo común del cual es la experiencia individual de la identidad con el oculto. “Todos” son idénticos con el “uno”, pero sólo unos pocos experimentan directamente esta identidad.

Es importante, sin embargo, para los Tradicionalistas el reconocer que la unidad trascendente de las religiones es rechazada por el monoteísmo bíblico, que se define a sí mismo como la negación del politeísmo, no su culminación en la noción de un orden divino común. Los Politeístas  toman a todas las verdades como verdad, mientras los monoteístas solo su religión como la verdadera y todas las otras falsas. Los Politeístas están contentos de otorgar que el monoteísmo bíblico también es verdad. Ellos están ansiosos de identificar al dios bíblico con sus propios dioses soberanos. Pero para hacer esto, los politeístas deben negar la verdad de una de las características esenciales del dios bíblico: su proclamación de ser el único y verdadero Dios.

Los monoteistas biblicos también rechazan el misticismo unitativo como blasfemia. La idea de la creación ex nihilo significa que las criaturas no son idénticas con Dios sino simplemente dependen de Dios por su existencia. La enseñanza del misticismo perenne es que el Yo más profundo es idéntico con el Ser/Dios, mientras que el creacionismo significa que nuestro Yo más profundo es precisamente nuestra nulidad – por ejemplo, nuestra absoluta dependencia de un Dios trascendente y enteramente otro. La Creación teológica propone un abismo metafísico entre Dios y la creación que no puede ser cruzado por ningún acto de aquellas criaturas creadas.
¿Por qué, entonces, los politeístas – de la antigüedad tardía a los Tradicionalistas del presente – quieren convencer a los monoteístas bíblicos que hay un orden religiosos superior que puede reconciliar los conflictos sobre lo divino entre ellos? La razón primaria es su deseo de combatir la intolerancia y persecución monoteísta.  Esto fue necesario incluso en la antigüedad, cuando los monoteístas bíblicos vivían bajo los regímenes politeístas que trataron de contener sus peores tendencias. Se volvió incluso más urgente cuando los monoteístas bíblicos podían usar el poder coercitivo del estado para perseguir a los no creyentes y herejes.

Restringir el fervor persecutorio de los monoteístas es un noble motivo. Pero no altera el hecho de que es intelectualmente incoherente incluir el monoteísmo bíblico dentro de la Tradición única, primordial, perenne. Aquella Tradición es integralmente pagana, politeísta y cosmoteísta. El Tradicionalismo solo puede abrazar el monoteísmo bíblico desnaturalizándolo, por ejemplo al denegar una de sus características esenciales, su proclamación de ser la verdad exclusiva. Por lo tanto cada Tradicionalista es un hereje por los estándares bíblicos. El Tradicionalismo judío, cristiano y musulmán es contradictorio en términos. Las contra-religiones de Assmann corresponden junto a las “contra-tradiciones” y “contra-iniciaciones” como negaciones de la Tradición.

Cuando René Guénon vivía en Francia, él era católico. Cuando vivió en Egipto, él era musulmán. Pero él era Tradicionalista todo el tiempo. Guénon era demasiado inteligente para pasar por alto el hecho de que el monoteísmo bíblico no podía ser reconciliado con la Tradición. Él simplemente estaba apoyando algo cuando no era cierto de las religiones dominantes en los lugares donde vivió en orden de evitar intolerancia y persecución.

Afortunadamente, estos compromisos de integridad intelectual han sobrevivido su utilidad. En el mundo Occidental, por lo menos, los Tradicionalistas no necesitan más pretender, debido al Iluminismo – guiado en parte por la tradición Hermética, que influenció a la Masonería – ha remplazado la intolerancia bíblica con tolerancia pagana.

Es tiempo que los Tradicionalistas se pongan de acuerdo con los hechos de que ellos no pueden ser monoteístas bíblicos y Tradicionalistas. La única Tradición es, siempre fue y siempre será integralmente pagana. Es tiempo que los Tradicionalistas se pongan con el hecho de que donde el Iluminismo ha triunfado, ellos no necesitaban más pretender ser monoteístas bíblicos. Es tiempo que los Tradicionalistas se pongan de acuerdo que el triunfo del Iluminismo es, en gran parte, su propio triunfo también, es decir un triunfo de la Masonería Hermética.

Es, además, tiempo justo para que los Tradicionalistas paren de ser consortes del enemigo bajo la sombrilla de Tradicionalismo mal entendido, por ejemplo, asociando reaccionarios cristianos y musulmanes que quieren deshacer el Iluminismo y regresar a la oscuridad totalitaria de teocracia bíblica. Los seguidores de Guénon quienes, a través de un doble malentendido del esoterismo, se han convertido al Islam mientras vivían en el Occidente necesitan ponerse de acuerdo con el hecho de que son vectores sirvientes de la subversión bíblica, totalitaria y contra religiosa en las mismas sociedades donde la Tradición ha tenido el más grandioso éxito en restaurar el pluralismo religioso y la tolerancia que viene de la única Tradición. En una doble ironía, tales conversiones son sólo posibles por la libertad religiosa que estos Tradicionalistas profesan odiar, y aquella libertad es el único triunfo político de la Tradición que ellos profesan reverenciar.

Moisés el Egipcio tiene importantes implicaciones para los neo-paganos también. Primero, Assmann demuestra la persistencia de una viva tradición de sabiduría pagana desde el Antiguo Egipto hasta el presente. Segundo, aunque el cosmoteísmo es, por supuesto, trascendentemente uno con los Asatru, sus raíces son más profundas. Es pre-Indo-Europeo, lo que para mí significa: más cercano al primer surgimiento de un hombre Europeo en la era paleolítica. Tercero, el cosmoteísmo ofrece una estética y mitología muy diferente y altamente refinada: egipcia, pero también griega y romana. (Los griegos y romanos eran pueblos Indo-Europeos, pero su mitología y religión eran primariamente Pre-Indo-Europea de origen mediterráneo). El Cosmoteísmo Mediterráneo es, en pocas palabras, un paganismo alternativo al de Robert E. Howard, un paganismo sin barbarismo.

Y todo esto es sólo una probada de las implicaciones intelectualmente desafiantes, esclarecedoras y finalmente liberadoras del trabajo de Assmann.

 

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