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La Cuestión de la Raza en Spengler y su Significado para el Racialismo Contemporáneo

Michael Kunze, Oswald Spengler

Michael Kunze, Oswald Spengler

3,440 words

Traducción por A. Garrido. Enlace original aquí

Introducción

Es una tradición en Counter-Currents recordar al gran filósofo de la historia alemán, Oswald Spengler, en el aniversario de su nacimiento, 29 de Mayo. Este año, me gustaría tomarme el tiempo de reflexionar críticamente sobre los puntos de vistas de Spengler sobre la raza dentro de su obra maestra La Decadencia de Occidente (1912-22), y, en particular debatir sobre la importancia que estas ideas sostienen para los racialistas y etno-nacionalistas de los tiempos modernos. 

Algunos de estos temas fueron tocados por Greg Johnson en su ensayo del 2010, “¿Es Decadente el Purismo Racial?”, y mis argumentos aquí son en gran parte en respuesta a algunas de las preguntas que él plantea allí. En resumen, mi intención con esta obra es (1) proveer una breve visión general sobre la doctrina racial de Spengler, (2) ilustrar disyunciones existentes entre la concepción spengleriana de “raza” y las concepciones materialistas, y (3) estando Spengler en lo correcto sobre la cuestión de la raza, explorar qué significa para aquellos que actualmente participan en distintos grados de preservacionismo común entre los lectores de Counter-Currents.

Cuando discutimos sobre “raza”, es una jerga común entre preservacionistas raciales adoptar usanzas del término derivadas de los grandes antropólogos físicos y antropometristas de principios del Siglo XX. Es en trabajos como The Races of Europe (1939) de Carleton S. Coon, o Nordens Rastyper (1940) de Bertil Lundman, que los altamente desarrollados y matizados modelos de diferentes razas humanas son ejemplificados. Y, es de trabajos como estos que los discursos contemporáneos sobre raza entre los círculos preservacionistas encuentran su raíz genealógica. Ejemplos básicos de esto pueden ser vistos en la amplia selección de literatura de primera mitad del Siglo XX alojada en el sitio web de la Society for Nordish Physical Anthropology (NSPA) [1] – una organización “fundada en Enero de 1999 […] por tres estudiantes universitarios” con la meta de revivir las teorías de la “naturaleza y la filogenia de la biodiversidad humana” que dominaba al mundo académico “antes de 1950”. [2]. El sitio web de la SNPA está ahora alojado en un foro web preservacionista racial, The Apricity, uno de cuyos más activos sub-foros está dedicado a clasificar tanto a los miembros del foro como a celebridades de acuerdo a tipologías raciales como las de Lundman o Coon [3]. La profunda relación entre la antropología física pre-1950 y el discurso de los racialistas contemporáneos es casi única en The Apricity, y puede ser encontrada a lo largo de sitios web y foros racialistas.

Esta visión biológica sobre la raza – enfocándose tanto en las variaciones fenotípicas como genotípicas tanto dentro como fuera de Europa – es, sin embargo, bastante lejos de a lo que Spengler se refiere cuando pronuncia la palabra “raza”. Mientras él no niega que existe una dimensión biológica de la raza, Spengler no reduce la raza a la biología [4]. En cambio, para Spengler, la noción de raza era una que incluía lo material, pero que sobrevenía sobre ella para incluir también las dimensiones psicológicas y culturales. Más tarde en la vida, esta posición no-reduccionista lo pondría en desacuerdo con los miembros de alto perfil del Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP), particularmente con Alfred Rosenberg, cuyo racialismo guardó más en común con la antropología física de Lundman y Coon que con el anti-materialismo de Spengler [5]. ¿Qué, sin embargo, se entiende con una concepción anti-material de raza? Si Spengler no redujo la raza a características físicas ¿cómo él entendió esto?

“Raza” spengleriana

En sus propias palabras, Spengler define una raza como “el lado cósmico de la vida similar a una planta, del Ser, [que] está investido con un carácter de duración”. [6] La raza está, él nos dice, “determinada por el hecho de que la sucesión corporal de padres e hijos, el vínculo de la sangre, forma grupos naturales, que describen una tendencia definida a echar raíces en el paisaje” – con “raza” sustituyendo el “hecho de una sangre que circula, llevada por la procreación, en un estrecho o ancho paisaje”[7]. Prima facie, esta definición del término no suena muy distinta a una exclamación de los antropólogos físicos. Sin embargo, mientras Spengler desarrolla su tesis dentro de La Decadencia de Occidente, su posición emerge como una que está mucho más cerca de los místicos del paisaje völkisch del movimiento Bodenbeschaffenheit, tales como Hermann Keyserling [8]. Vemos esta conexión enfatizada en la relación que Spengler postula entre raza, paisaje, lenguaje, y cultura. En términos de conexión entre raza y paisaje, vemos a Spengler abogando por un impacto fundamentalmente formativo y gobernante de este último sobre el primero:

Una raza tiene raíces. La raza y el paisaje pertenecen el uno al otro. Donde una planta echa raíces, allí también muere. No es absurdo, pues, preguntar por el hogar de una raza. Pero habría que saber que donde se halla el hogar permanece también la raza, con los rasgos esenciales del cuerpo y del alma. Si en ese hogar la raza ya no puede ser encontrada, eso significa que la raza ha cesado de existir. Una raza no migra. Los hombres migran, y sus sucesivas generaciones nacen en paisajes en constante cambio; pero el paisaje ejerce una fuerza secreta sobre el elemento vegetativo dentro de ellos, y finalmente las expresiones de raza son completamente transformadas por la extinción de la vieja y la aparición de una nueva. Los ingleses y alemanes no migraron a América, sino que seres humanos migraron a allá como ingleses y alemanes, y sus descendientes están allí como americanos [9].

En esto, vemos que la visión de Spengler sobre la raza es tal que puede ser esencialmente tratada como una función de un específico paisaje y lugar – estando las razas individuales inextricablemente atadas a sus lugares de nacimientos geográficos como pueblos [10]. Las diferencias entre esta concepción de la formación racial y los modelos darwinianos de evolución son más pronunciadas cuando consideramos también que la filosofía de Spengler trataba a una raza no cómo una colección de organismos relacionados, sino que como un único organismo, y que la formación física y psicológica forjada por el paisaje era colectiva más que individual en la naturaleza. Este colectivismo es visto en la relación que Spengler también postula entre raza y lenguaje, con ambos complementándose mutuamente en una manera análoga al cuerpo y la mente en un individuo:

En el límite, cada raza es un gran cuerpo, y cada lenguaje es la forma eficiente de un gran despertar de la conciencia que conecta a muchos seres individuales. Y nunca alcanzaremos los últimos descubrimientos sobre cualquiera de los dos a menos que sean tratados juntos y constantemente traídos a comparación entre sí [11]. 

Esta relación entre la raza de un pueblo y su lenguaje, entonces, es una donde cada uno complementa necesariamente al otro, siendo ambos fundamentalmente necesarios para la unidad integral del organismo singular. Llevando más allá la comparación metafórica entre el individuo y el pueblo, vemos que la cultura emerge de esta díada raza-lenguaje como la expresión natural de los dos en cuanto existen en el mundo. Spengler ve al lenguaje como de esencialmente dos caras, siendo divididas en conversación y discurso, siendo cada modo lingüístico adecuado para uno “de los dos terrenos primarios” tales como “hablar con el castillo [el estado], y el discurso a la catedral [la iglesia]” [12]. Por medio de su expresión a través de estos dos terrenos, Spengler ve al lenguaje participando en la “relación de despertar que tiene la Cultura, [y] que es Cultura” [13]. De esta manera, la cultura emerge como la actividad de la interacción de la raza corporal y el lenguaje mental de un pueblo con su paisaje determinado.

Esta concepción de la humanidad que Spengler elucida no es anti-material en cuanto niegue las dimensiones materiales de la raza, sino que lo es en cuanto no trata a un pueblo como reductible a meras características fisiológicas y diferencias. Para Spengler, el mismísimo término “pueblo” no es una simple designación para un grupo con lazos físicos o políticos, sino que es “una unidad del alma”, designando una internalidad espiritual colectiva unificada compartida por todos los miembros del grupo [14]. Para Spengler, esta alma racial era más plenamente expresada a través de los “modos de producción cultural” del pueblo – a saber, mediante las artes. Él veía a la virilidad racial como íntimamente vinculada a una expresión artística, siendo el desarrollo del Alto Arte “una marca de la raza”, más que del aprendizaje [15]. Él nos dice que “el gran arte por el cual la Cultura encuentra su lengua es el logro de la raza y no de la destreza” [16]. En esto, Spengler está diciendo que el arte cuya expresión viene a definir a un pueblo, (e.g. la relación entre la arquitectura gótica y el hombre occidental) es esencialmente racial en naturaleza, y no una habilidad aprendida – en la medida que el arte en sí es la “vocalización” cultural de la experiencia de la raza respecto del mundo” [17].

Es con este sentido de ambos términos de “raza” y “arte” que podemos dar sentido a la aserción de Spengler de que “los creadores de los templos dóricos del Sur de Italia y Sicilia, y las de gótico de ladrillos del Norte de Alemania fueron enfáticamente hombres de raza, y así también los músicos alemanes desde Heinrich Schütz a Johann Sebastian Bach” [18]. Ya que, en esto, él está diciendo que estos grandes artistas a lo largo de la historia ejemplificaron mediante sus trabajos la experiencia interna de la raza, y como tales fueron grandes hombres de raza. El arte de estos grandes hombres, que forma el núcleo de la expresión cultural del hombre occidental, es para Spengler, visto no como los productos de la educación artística lograda por individuos. En cambio, es fundamentalmente una producción racial, que ya no puede ser separada de la raza del pueblo que le dio origen, como no puede la raza de su lenguaje, ni la raza de su paisaje. Es a través de la producción cultural en general, y a través del arte en particular, que el genio de la raza se hace manifiesto – siendo su fuerza y vitalidad traducidas a formas que sobrevienen sobre la materialidad bruta del fenotipo y el genotipo. 

Cuestiones sobre la Preservación

Si Spengler está en lo cierto, ¿qué significa esto para los racialistas contemporáneos y preservacionistas raciales? Para comenzar, examinemos una de las mejor conocidas declaraciones de Spengler sobre la cuestión de la pureza racial y la preservación, de Años Decisivos (1943):

Pero cuando aquí hablamos de raza no es en el sentido que hoy está de moda entre los antisemitas de Europa y América: darwinistamente, materialistamente. La pureza racial es un término grotesco en vista del hecho que desde hace siglos todas las estirpes y especies se han mezclado, y que las belicosas – es decir sanas – generaciones con un futuro ante ellas han desde tiempos inmemoriales siempre dado la bienvenida a un extraño en su familia si es que éste era de “raza”, cualquiera que fuese la raza a la que haya pertenecido. Quienes hablan demasiado de raza es porque ya no tienen ninguna. Lo que se necesita no es una raza pura, sino una raza fuerte, que tenga una nación dentro de ella. Esto se manifiesta sobre todo en la evidente fecundidad elemental, en una abundancia de niños, que la vida histórica puede consumir sin agotar el suministro [19].

En este pasaje, vemos a Spengler rechazando vehementemente la pureza basada en teorías raciales prevalente dentro del NSDAP. Pero, ¿cuál es la naturaleza de este fuerte rechazo? En su raíz, lo que vemos en Spengler es un agudo contraste entre su caracterización de (un) hombre sin raza participando en el discurso sobre la raza y (b) el hombre de la no-discursiva experiencia vivida de la raza. El primer comportamiento discursivo, vemos que Spengler lo trata como degenerado y débil – el segundo comportamiento no-discursivo, como vital y fuerte. Como Johnson nota, una de las diferencias clave entre estos dos comportamientos es el vector de la actividad; donde la “conciencia racial mira hacia el pasado […] el sentimiento de la raza mira hacia el futuro [20]”. El primero es una reflexión después-del-enfrentamiento de actividades pasadas de los hombres de raza; mientras que el segundo es la experiencia presente del hombre de raza, impulsándolo a alcanzar nuevas alturas creativas en la expresión cultural de su raza.

Spengler argumentaría, entonces, que las actividades discursivas de los racialistas contemporáneos y preservacionistas raciales sobre mantener la pureza racial no sólo yerran enteramente sobre la raza al reducirla a meras características físicas, sino también que tal acción discursiva es una manera decadente y poco saludable de aproximarse a la raza. El hombre de raza vería, Spengler nos dice, tales preocupaciones sobre la pureza racial como completamente retrógradas, buscando preservar lo que su raza alguna vez fue. Sin embargo, la experiencia no-discursiva de la propia raza correspondientemente mira hacia el futuro, buscando actualizar y crear una fuerte y vital cultura futura. Johnson nos dice que Spengler argumentaría que “el purista racial mira hacia el pasado, no hacia el futuro, porque no tiene en él la vitalidad necesaria para crear un futuro” [21]. La conciencia racial del preservacionista está definida enteramente por el pasado de su raza – un pasado que es, por definición, inmutable y fijo; su compromiso con la raza, entonces, es completamente discursivo, simplemente hablando de glorias pasadas y males presentes. No se define por la acción que nace de la experiencia interna del sentimiento racial en sí mismo.

Estas poco saludables manifestaciones de preocupaciones discursivas sobre la pureza racial van en contra del saludable no-discursivo sentimiento racial y su producción cultural resultante, no porque el discurso del purista esté equivocado. De hecho, como Johnson razona, “las personas decadentes pueden estar en lo correcto, y las personas saludables pueden estar equivocadas” [22]. Sin embargo, en términos de acción efectiva, hay cosas más importantes que simplemente sostener opiniones “correctas”, o comprometerse con discursos “correctos”. Lo que se necesita mucho más que el mero discurso es la acción que brota naturalmente de la saludable vitalidad del hombre de raza.  En, correctamente en mi estimación, juzgar al “Nacionalismo Blanco en Estados Unidos” como “un movimiento abrumadoramente degenerado”, Johnson concluye su meditación sobre Spengler formulando la pregunta: “¿Cómo se vería un nacionalismo blanco vital? Sabemos ahora cómo se ve un movimiento cuya actividad primaria es el discurso sobre la raza; es lo que tenemos hoy en día – un movimiento decadente que produce casi interminables corrientes de discusión y literatura sobre el tópico de la raza. ¿Cómo diferiría de esto un movimiento vital y saludable? Johnson especula:

Un movimiento nacionalista blanco vital sería un fenómeno utópico, progresista, eugenésico y mítico-cultural. No se fundaría sobre estudios empíricos sobre cómo la raza influye en la cultura. No se propagaría a sí mismo a través de conferencias académicas y estudios de políticas. Se fundaría en un gran mito creador de cultura, formador de la raza, propagado a través del arte y la religión, que cautiva y moviliza a todo un pueblo. Estaría menos preocupado sobre la raza que fuimos o de la raza que somos que sobre la raza que podemos llegar a ser [23].

En términos de los puntos de vista de Spengler sobre la cuestión de la raza, podemos imaginar como movimiento saludable a uno cuya actividad primaria no sea el discurso, sino que la producción cultural. Un movimiento saludable no necesariamente sería del todo indiferente con el “correcto” discurso sobre la raza, pero su preocupación dominante y primordial sería la producción cultural derivada de la experiencia no-discursiva del sentimiento vital de la propia raza. El movimiento saludable sería definido no mediante literatura polémica sobre los “peligros” de la mezcla racial, sino que por grandes trabajos de arte expresando la experiencia interna de la raza. Sería un movimiento cuyas “celebridades” no fueran los autores de libros sobre raza, sino que hombres cuyo completo ser estuvo dedicado al fomento de las expresiones artísticas de su raza.

De esta manera, Richard Wagner, lleva la delantera como el ejemplo casi ideal del hombre de raza según Spengler. Wagner no era indiferente a la cuestión de la raza, o con el discurso sobre la raza, pero cuando nos fijamos en el ámbito de su vida y obra, sus actividades fueron abrumadoramente definidas por la producción cultural más que por el discurso. Recordamos a Wagner no primariamente por sus escritos sobre raza. En cambio, lo recordamos porque el arte que él produjo fue una fuerza de la naturaleza, que expresó tan puramente el alma de su raza que atrajo a miles y miles del pueblo alemán – dando origen a arrolladores movimientos culturales. Tomando a Wagner como nuestro paradigma, entonces, deberíamos quizás revisar nuestras preguntas. En lugar de preguntarnos sobre cómo se vería un movimiento vital, quizás deberíamos preguntar ¿cómo puedo yo convertirme en un spenglereano hombre de raza? Mi argumento es que si queremos tener éxito – para ganar, como Johnson lo dice – no será a través del interminable discurso en que hemos participado hasta el momento; ni a través de grandes planes de remodelar al movimiento de arriba hacia abajo.

Nuestro éxito vendrá a través del cambio individual y el progreso. No es necesario que cesemos en participar en el discurso racialista, o que tales discursos estén equivocados, pero éste no es el medio para nuestra victoria. En lugar de la imitación de autores como Francis Parker Yockey, nuestro éxito vendrá a través de la imitación de productores de cultura como Wagner. Naturalmente, tal movimiento estaría también caracterizado por vitalismo y fecundidad física, pero no estaría limitado a eso. Sería igualmente – sino es que más – caracterizado por una fecundidad y fuerza cultural. De esta manera, una reevaluación de nuestra mismísima idea de “raza” en términos spenglerianos prueba ser de suma importancia al proveer de una senda hacia el éxito.

Bibliografía

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———. “Oswald Spengler & the Faustian Soul of the West, Part 2.” Counter-Currents Publishing: Books Against Time. 5 January 2015. https://www.counter-currents.com/2015/01/oswald-spengler-and-the-faustian-soul-of-the-west-part-2/ [accessed 25 May 2015].

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Spengler, Oswald. The Decline of the West. 2 vols. Revised edition. Translated by Charles Francis Atkinson. London: George Allen & Unwin, 1961.

———. The Hour of Decision: Germany and World-Historical Evolution. Translated by Charles Francis Atkinson. Honolulu: University Press of the Pacific, 2002.

Notes

1. “Essays & Excerpts,” Society for Nordish Physical Anthropology.

2. “Introduction,” Society for Nordish Physical Anthropology.

3. “The Apricity: A European Community.”

4. Farrenkopf, “Spengler’s Historical Pessimism and the Tragedy of Our Age,” 395; Borthwick, “Historian of the Future”; Johnson, “Is Racial Purism Decadent?”.

5. Dreher, “Spengler and the Third Reich”; Bolton, “Oswald Spengler.”

6. Spengler, The Decline of the West, 2:113.

7. Ibid.

8. Noll, The Jung Cult, 95–103.

9. Spengler, The Decline of the West, 2:119.

10. Brown, “Metaphysical Presuppositions in Spengler’s Der Untergang des Abendlandes,” 223.

11. Spengler, The Decline of the West, 2:114.

12. Spengler, The Decline of the West, 2:153.

13. Ibid.

14. Spengler, The Decline of the West, 2:165.

15. Spengler, The Decline of the West,

16. Ibid.

17. Farrenkopf, “Spengler’s Historical Pessimism and the Tragedy of Our Age,” 396; Farrenkopf, “Spengler’s Theory of Civilization,” 24–25.

18. Spengler, The Decline of the West, 2:118–19.

19. Spengler, The Hour of Decision, 219.

20. Johnson, “Is Racial Purism Decadent?”

21. Johnson, “Is Racial Purism Decadent?”

22. Johnson, “Is Racial Purism Decadent?”

23. Johnson, “Is Racial Purism Decadent?”

 

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